¿Existe realmente una mano invisible que regula el mercado?
Estatua de Adam Smith en Edimburgo
LA MANO INVISIBLE
¿Existe realmente una mano invisible que regula el mercado?
Iván Izquierdo Elliot
11/06/2024
Javier Milei afirma que a su alborotado cabello lo peina “la mano invisible del mercado”. Los economistas del mainstream peruano de los noventa afirmaban que “la mano invisible del mercado” produciría el “chorreo”. En pocas palabras, que el crecimiento nacional beneficiaría a todos. ¿Por qué razón los economistas liberales —especialmente los neoliberales— del mundo repiten y sustentan los principios del modelo con el argumento de una metáfora? ¿Qué es “la mano invisible”?
En 1776, el filósofo escocés Adam Smith publicó la famosa obra La Riqueza de las Naciones[1], para muchos, el primer tratado sobre el capitalismo, en la que utilizó la famosa metáfora “la mano invisible”; por ello lo nombran como “el padre de la economía”. Adam Smith no fue ni economista ni propulsor del capitalismo, fue un filósofo humanista que observó agudamente cómo funcionaba el sistema mercantilista imperante en la época. Mercantilismo no es igual a capitalismo. Incluso, el primer libro de Smith se denominó Teoría de los sentimientos morales[2], un texto humanista y de crítica social que fue publicado en 1759 y sentó las bases éticas, filosóficas y económicas de sus futuros trabajos. La metáfora de la “mano invisible” recién aparece, una sola vez, en toda la extensa obra La Riqueza de las Naciones, específicamente en el capítulo dos del libro IV titulado: “De las restricciones a la importación de países extranjeros de las mercancías que puedan producirse en el país”; dicho capítulo describe en general lo que hoy en día llamaríamos un “nacionalismo” económico.
“Al restringir, ya sea mediante derechos elevados o mediante prohibiciones absolutas, la importación de mercancías de países extranjeros que puedan producirse en el país, el monopolio del mercado interno queda más o menos asegurado a la industria nacional empleada en su producción.”[3].
Actualmente, los Estados Unidos y la Unión Europea aumentan los aranceles de los productos chinos con el afán de detener el avance económico de la potencia oriental. Este tipo de medidas funcionan contra el libre mercado, pero ciertamente protegen la industria local. Es igual al modelo económico peruano de los setenta y ochenta, de altas barreras arancelarias.
“Pero ya se ha demostrado que un capital empleado en el comercio interior pone necesariamente en movimiento una mayor cantidad de industria doméstica y da renta y empleo a un mayor número de habitantes del país que un capital igual empleado en el comercio exterior de consumo[4]”.
Smith reconoce que la inversión en la propia sociedad trae beneficios a la industria del país. No propone una autarquía económica, simplemente, está descubriendo las dinámicas humanas que ocurren en el mercado regido por el modelo mercantilista de la época. La metáfora de la “mano invisible” aparece en el mismo capítulo, varios párrafos después.
“De hecho, en general [el capitalista], no tiene la intención de promover el interés público, ni sabe cuánto lo está promoviendo. Al preferir el apoyo de la industria nacional al de la extranjera, sólo pretende su propia seguridad; y dirigiendo esa industria de tal manera que su producto sea del mayor valor, sólo pretende su propio beneficio, y en esto, como en muchos otros casos, es conducido por una mano invisible a promover un fin que no formaba parte de su intención[5]”.
El capitalista invierte el dinero buscando su propio beneficio, es más, generalmente lo hace solo pensando en su beneficio sin importarle las consecuencias; sin embargo, Smith observa que, si la inversión se realiza en el seno de su propia sociedad producirá un beneficio inesperado, imprevisto, casual. Smith emplea la metáfora “la mano invisible” para describir el efecto no deliberado; esta explicación dista mucho del significado común de la “regulación autónoma del mercado”, porque no existe mercado perfecto.
Cuando se adoptó el modelo neoliberal durante los años ochenta, los capitalistas estadounidenses y europeos desmontaron la mayor parte de sus medios de producción trasladándolos al Asia, especialmente China, buscando beneficiarse con la mano de obra extremadamente barata, disminuir costos y maximizar utilidades. Esto ha producido el rápido crecimiento de China, que se ha beneficiado con el conocimiento técnico occidental y ha logrado su posicionamiento como potencia mundial. Las observaciones de Smith se cumplieron, “la mano invisible” funcionó muy bien, pero para el nuevo rival económico y geopolítico.
En el escenario peruano, los economistas y políticos neoliberales de los noventa repetían la metáfora como mantra, una especie de conjuro mágico que produciría la tan anhelada prosperidad general. Lograron la desregulación del mercado financiero (inexistente en la época de Adam Smith), la promoción de los monopolios y la profundización del extractivismo. El precario modelo económico del Perú colapsa, vulnerable a los vaivenes internacionales, a las economías ilegales, a una pandemia y el desbarajuste político. Si Adam Smith viviera, lo más probable es que al estudiar el modelo adoptado por el capitalismo moderno, criticaría las decisiones que el mundo viene tomando; observaría el pelo de Javier Milei y diría: “seguí así, porque ninguna mano invisible te peinará”.
[1] Smith, Adam. An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations.
[2] Smith, Adam. Teoría de los sentimientos morales (p. 3). Fondo de Cultura Económica.
[3] Smith, Adam. The Wealth of Nations: Filibooks Classics (Illustrated) (English Edition) (p. 440). Filibooks. Edición de Kindle. (nota: las traducciones son propias).
[4] Smith, Adam. The Wealth of Nations: Filibooks Classics (Illustrated) (English Edition) (p. 440). Filibooks. Edición de Kindle. (nota: las traducciones son propias).
[1] Smith, Adam. An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations.
[2] Smith, Adam. The Wealth of Nations: Filibooks Classics (Illustrated) (English Edition) (p. 440). Filibooks. Edición de Kindle. (nota: las traducciones son propias).
One in eight Americans is poor; but also, one in three Peruvians. In the richest country in the world and in a third world country like Peru, it is equally shameful. In both societies, poverty tries to be made invisible, hidden, denied; the poor are intended to be blamed for their condition; fallacious reflections such as «teach to fish instead of receiving» and similar thoughts appear; Faced with the grotesque spectacle of poverty, we disconnect our capacity for empathy.
As I indicated earlier, only two out of three Peruvians do not suffer the blow of poverty; the ruling class, the middle class, those who enjoy the privileges of access to the media, to social networks, to health, to minimum food, to a tribal network that sustains them. It is very easy to lose the ability to empathize with that «third person», that other human being, dispossessed, hungry and ignorant – «it is their own fault» – repeat the most cynical.
Before launching opinions and repeating common places, have you ever asked yourself the question: do you know what it is like to live in poverty, to feel the desperation of the present, permanent hunger and the absence of alternatives?
The Pulitzer Prize-winning American social scientist Matthew Desmond gives us a first-hand account of the harmful effects of life in poverty and its effects on individuals:
«Poverty is the diminution of life and personality. It changes your way of thinking and prevents you from realizing your full potential. It reduces the mental energy you can devote to decisions, forcing you to focus on the last stressor—a late gas bill, a lost job—at the expense of everything else. When someone is shot and killed, children living on that block perform much worse on cognitive tests in the days after the murder. Violence takes over their minds. Time passes and the effect fades until someone else falls. [18] Poverty can cause anyone to make decisions that seem ill-advised and even, downright stupid, to those of us who are not bothered by scarcity.[1]«
Life is hard for everyone; it forces us to make decisions permanently for our future and our families will depend on them. But, as Desmond points out, poverty produces physiological changes that diminish the decision-making capacity on which survival depends.
In addition, it interrogates us through a very common situation for those of us who have had the misfortune of going through a serious illness or that of a family member:
«Have you ever sat in a hospital waiting room, looking at the clock and praying for good news? You are there, locked into the current emergency, next to which all other worries and responsibilities feel (and are) trivial. That experience is something like living in poverty.[2]«
In the face of illness and poverty, life alternatives diminish, options become even more scarce, it is the time for metaphysical prayers, due to problems that the mind loses the ability to process.
«Poverty is often material scarcity, stacked on top of chronic pain, stacked on top of incarceration, stacked on top of depression, stacked on top of addiction, and so on. Poverty is not a line. It is a tight knot of social ills. It is connected to all the social issues we care about—crime, health, education, housing—and its persistence in American life means that millions of families are denied security and dignity in one of the richest nations in the history of the world.[3]«
Poverty affects the minds of those who suffer from it, in short, it stupefies; If we add to this a poor diet, the incidence of anemia that affects almost half of Peruvians and that produces pernicious effects on the mental development and cognitive abilities of children, it is easy to deduce that it will be one of the factors that feeds resentment, incapacity and generalized violence. Poverty is the raw material of a society in which life becomes a perverse game for survival.
If you are reading this, it is because you have access to the internet, social networks and a sufficiently comfortable life to be able to waste your time reading me; You’re a privileged person and that’s good. But the best thing is to reflect on those privileges: How did you obtain them, in what family were you born, what is your last name, what is the color of your skin, what school and university your parents were able to send you to, what is your social network and what are your talents?
The answers will help you to achieve better empathy with that third Peruvian victim of poverty, rethink your contribution to society and choose rulers who demonstrate the same empathy as you. Only in this way can we understand that the poor are not poor because they want to.
[1] Desmond, Matthew (2023-03-20T22:58:59.000). Poverty, by America (English Edition). Crown. Edición de Kindle.
Uno de cada ocho norteamericanos es pobre; pero uno de cada tres peruanos también lo es. En el país más rico del mundo y en un país del tercer mundo como el Perú resulta igualmente vergonzoso. En ambas sociedades la pobreza trata de ser invisibilizada, ocultada, negada; se pretende culpar el pobre por su condición; aparecen reflexiones falaces del tipo “enseña a pescar en vez de recibir” y pensamientos similares; ante el grotesco espectáculo de la pobreza desconectamos nuestra capacidad de empatía.
Como indiqué anteriormente, solo dos de cada tres peruanos no sufren el golpe de la pobreza; la clase dominante, la clase media, aquellos que gozan de los privilegios del acceso a los medios de comunicación, a las redes sociales, a la salud, a la alimentación mínima, a una red tribal que los sustenta. Es muy fácil perder la capacidad de empatizar con ese “tercero”, ese otro ser humano, desposeído, hambriento e ignorante —“es su propia culpa”— repiten los más cínicos.
Antes de lanzar opiniones y repetir lugares comunes, alguna vez te has hecho la pregunta: ¿sabes lo que es vivir en la pobreza, sentir la desesperación del presente, el hambre permanente y la ausencia de alternativas?
El científico social norteamericano Matthew Desmond, ganador del premio Pulitzer, nos ofrece una descripción de primera mano, de los efectos nocivos de la vida en la pobreza y sus efectos sobre los individuos:
“La pobreza es la disminución de la vida y de la personalidad. Cambia tu forma de pensar y te impide desarrollar todo tu potencial. Reduce la energía mental que puedes dedicar a las decisiones, lo que te obliga a concentrarte en el último factor estresante (una factura de gas atrasada, un trabajo perdido) a expensas de todo lo demás. Cuando alguien es asesinado a tiros, los niños que viven en esa cuadra obtienen resultados mucho peores en las pruebas cognitivas en los días posteriores al asesinato. La violencia se apodera de sus mentes. El tiempo pasa y el efecto se desvanece hasta que alguien más cae. La pobreza puede hacer que cualquiera tome decisiones que parecen desacertadas e incluso, francamente estúpidas, para aquellos de nosotros que no nos molesta la escasez.[1]”
(C) IVAN IZQUIERDO
La vida es dura para todos, nos obliga a tomar decisiones permanentemente y de ellas dependerá nuestro futuro y el de las familias. Pero, como indica Desmond, la pobreza produce cambios fisiológicos que disminuyen esa capacidad de decisión de la que depende la supervivencia.
Adicionalmente, nos interroga a través una situación muy común para los que hemos tenido la desgracia de atravesar por una enfermedad grave o la de un familiar:
“¿Alguna vez te has sentado en la sala de espera de un hospital, mirando el reloj y orando por buenas noticias? Estás ahí, encerrado en la emergencia actual, al lado de la cual todas las demás preocupaciones y responsabilidades se sienten (y son) triviales. Esa experiencia es algo así como vivir en la pobreza.[2]”
Ante una enfermedad y ante la pobreza, las alternativas de vida disminuyen, las opciones se vuelven aún más escasas, es el momento de las oraciones y plegarias metafísicas que, por problemas que la mente pierde la capacidad de procesar.
“La pobreza es a menudo escasez material, apilada sobre el dolor crónico, apilada sobre el encarcelamiento, apilada sobre la depresión, apilada sobre la adicción, y así sucesivamente. La pobreza no es una línea. Es un apretado nudo de males sociales. Está conectado con todos los problemas sociales que nos preocupan —el crimen, la salud, la educación, la vivienda— y su persistencia en la vida estadounidense significa que a millones de familias se les niega la seguridad y la dignidad en una de las naciones más ricas de la historia del mundo.[3]”
La pobreza afecta la mente de quienes la padecen, en resumen, estupidiza; Si a esto sumamos una mala alimentación, la incidencia de la anemia que afecta a casi la mitad de los peruanos y que produce perniciosos efectos sobre el desarrollo mental y de las capacidades cognitivas de los niños, es fácil deducir que será uno de los factores que alimenta el resentimiento, la incapacidad y la violencia generalizada. La pobreza es la materia prima de una sociedad en la que la vida se convierte en un perverso juego por la supervivencia.
(C) IVAN IZQUIERDO
Si usted está leyendo esto es por que tiene acceso al internet, a las redes sociales y a una vida lo suficientemente acomodada para poder perder su tiempo leyéndome; Ud. es una persona bastante privilegiada y eso es bueno. Pero lo mejor es reflexionar acerca de esos privilegios ¿Cómo los obtuvo, en que familia nació, cual es su apellido, cual es el color de su piel, a que colegio y universidad sus padres pudieron enviarlo, cual es su red social y cuáles son sus talentos?
Las respuestas lo ayudarán a lograr una mejor empatía con ese tercer peruano víctima de la pobreza, repensar su contribución a la sociedad y a escoger a gobernantes que demuestren la misma empatía que usted. Solo así podremos comprender que el pobre no es pobre por que quiere.
[1] Desmond, Matthew (2023-03-20T22:58:59.000). Poverty, by America (English Edition). Crown. Edición de Kindle.
Se venden trípodes de bajo costo que, si bien son útiles, la inestabilidad de las «cabezas» para asegurar la cámara hacen su uso precario. Algún tiempo atrás, adquirí un cabezal del tipo Arca Suiss (estándar casi universal) que es posible enroscar en cualquier tipo de base o piernas de trípodes profesionales. Estos permiten el intercambio de los cabezales, proveyendo mucha flexibilidad en el empleo.
Pero los trípodes económicos no tienen la posibilidad de intercambiar el cabezal, por lo que decidí hacer una pequeña cirugía mecánica para adaptarlo.
Bastó desarmar el cabezal (visto en la foto superior), costar una pieza de plástico de la base, perforar un perno de 1/4, introducirlo en el cuello de plástico de la base y pegarlo con una mezcla de pegamento instantáneo y bicarbonato (mezcla que resulta de una dureza impresionante).
Las patas o piernas del trípode recobran nueva vida para seguir siendo útil, especialmente por su poco peso.
El Santuario de Nuestra Señora de Luján es uno de los santuarios marianos más importantes de Argentina y de toda América Latina. Su historia se remonta al siglo XVII, cuando se construyó una pequeña capilla en la ciudad de Luján, provincia de Buenos Aires, para albergar la imagen de la Virgen.
Gárgolas que adornan el templo.
La imagen de la Virgen, tallada por el alfarero portugués Manuel de Sosa, fue llevada en procesión desde la localidad de Sumampa hasta Luján, donde se instaló en la capilla recién construida. Con el tiempo, la devoción a la Virgen de Luján creció y la capilla original fue ampliada para dar cabida a la creciente cantidad de fieles que acudían en peregrinación.
Imagen original de la virgen hecha en arcilla. La tez de la imagen es oscura y por ello le llaman la virgen morena.
En el siglo XVIII, se inició la construcción de la Basílica de Nuestra Señora de Luján, un imponente templo de estilo neogótico que se convertiría en el principal santuario mariano de Argentina. La construcción de la basílica se extendió a lo largo de los siglos, con distintas etapas de construcción y remodelación que le dieron su aspecto actual.
Nave principal del templo.
Hermosos vitrales cubren las ventanas.
El gran órgano.
El Santuario de Luján es un lugar de peregrinación para millones de fieles no solo de Argentina, sino de todo el mundo. Cada año, especialmente durante la celebración de la fiesta de la Virgen de Luján el 8 de diciembre, miles de personas acuden al santuario para rendir homenaje a la Virgen y pedir por su intercesión en sus vidas.
El santuario también alberga un museo que exhibe una colección de arte sacro y objetos relacionados con la historia de la Virgen de Luján y el santuario. Además, en sus alrededores se encuentran diversos espacios para la oración, la reflexión y el encuentro espiritual, convirtiéndolo en un lugar de paz y devoción para todos los que lo visitan.
Museo del santuario.
Rara costumbre latinoamericana de mezclar nacionalismo, política y religión. En el templo se exhibe la bandera empleada por un grupo de argentinos durante el «Operativo Cóndor» en 1966, acción armada que pretendió devolver la soberanía de las islas Malvinas.
El santuario también es empleado como plataforma política.
Acabo de recibir el lente Olympus MSC ED-M 75 a 300mm II f4.8-6.7, zoom telefoto para completar el sistema de M43 (Micro Cuatro Tercios). Debido a problemas de salud, no he podido realizar pruebas más exhaustivas; sin embargo, puede obtener unas fotografías del cielo nocturno de Lima que estaba raramente despejado. Obtuve las imágenes sin el uso de trípode y con el sistema de estabilización del sensor activado. El lente no posee un sistema de estabilización interno IS.
OLYMPUS EM10 MARK IV, Olympus M Zuiko 75-300 1/5 seg. F/4.8, ISO 6400, 75mm.
El cielo de Lima no es apto para la astrofotografía y requiere equipos muy sofisticados. La prueba solo era para probar la capacidad de el conjunto cámara/lente para obtener imágenes nocturnas y en la condición más difícil. Los resultados son muy buenos.
Lima está repleta de historia y hechos anecdóticos que la educación “oficial” no enseña ni por asomo, y si el observador es inmune a la prensa manipuladora y sus imaginarias hordas delincuenciales, entonces tiene ganado un viaje hacia lo asombroso e interesante de la ciudad.
Camino hacia el damero de Pizarro se encuentra la pequeña Plaza Francia coronada por el hermoso templo gótico con el poco original nombre Sagrado Corazón de Jesús y María, o iglesia de la Recoleta (inicialmente construido en 1606 y reconstruido varias veces por la destructiva naturaleza de Lima).
Durante la guerra con Chile, cuando las tropas invasoras se encontraban a la puerta de la ciudad, los gobernantes del Perú ya habían huido y los caballeros encargados de Lima no atinaban a nada, la madre Hermasie Paget Morel, es quien convence, entre oraciones valentía, al almirante francés Bergasse du Petit Thouars de proteger Lima. El almirante accede y amenaza al general Baquedano impidiendo la destrucción y saqueo de la ciudad. Hermasie Paget Morel S.S.C.C. priora del colegio Belén fue reconocida como “La Madre Salvadora de Lima”, y una mujer con más huevos que los incapaces que gobernaban (gobiernan) el Perú.
Al centro de la placita se yergue la escultura en bronce “Estatua de la Libertad”, obsequio del gobierno francés por el centenario de la República, obra del escultor René Bertrand-Boutée, pero finalizada en 1926 debido a “retrasos”. En el 2019 PROLIMA inició los trabajos de restauración de la obra, finalizados en el 2021. Recomiendo verla antes que sea nuevamente vandalizada.
Los limeños también contamos con nuestra propia «Estatua de la Libertad» y también de origen francés..
Llama la atención el edificio del “Hospicio de mugeres vergonzantes[1] y escuela de niñas pobres” [sic]. No se preocupen damas, que cierto es que algunas deben sentir vergüenza, pero en esta época se trataba de señoras que se quedaban sin marido y, por consiguiente, sin sustento. Aquellas con “buena educación” (que no es lo mismo que “noble cuna”) vivían en el recinto como institutrices de niñas sin recursos. Loable y humanitaria labor que fue promovida por un señor de nacionalidad chilena llamado Bartolomé Manrique. El filántropo sureño construyó el hospicio con sus propios recursos y fue finalizado en 1866.
Hermoso edificio del Hospicio BARTOLOMÉ MANRIQUE, restaurado gracias a la gestión del ex alcalde Jorge Muñoz.
La crónica escrita por Ernst Middendorf cuenta que el señor Bartolomé Manrique fue asesinado de una puñalada durante un «confuso incidente». El hecho ocurrió en la «Calle general La Fuente», hoy a la altura de la cuadra 5 del jr. Camaná (esto sería cerca del cruce con la Av. Emancipación). La historia no indica la causa ni quien fue el agresor, posiblemente oculto bajo el manto de la impunidad y la limeñísima medialengua.
Magnífica estatua de mármol
La estatua del padre Jorge Dintilhac SSCC, quien funda la Pontificia Universidad Católica del Perú bajo el lema “Et Lux In Tenebris Lucet” (La luz siempre brilla entre las sombras), que a lo largo de los años ha demostrado ser muy cierto, especialmente entre las sombras de la política y de los oscuros líderes y destinos del país.
Padre Jorge Dintilhac
El último edificio de interés en la Plaza Francia lo dejaré para otra entrega: el museo de arqueología Josefina Ramos de Cox.
[1] Vergonzante: 1. adj. Dicho de una persona: Que siente vergüenza, especialmente referido a quien pide limosna con cierto disimulo o encubriéndose (RAE).
– Ivan, we need photos for the end of the Training Plan of the year.
– What do they have in mind?
-What do you think about… Machu Picchu!
-Cool!
For fighter pilots, the sky is the limit, literally and figuratively. I can’t refuse the offer to climb into the ether in a technological ingenuity of war, especially if it means performing the job I hold most dear, that of photographer.
In no time we are ready to take off. That day I decided to use a new Kodak Ektar 25 film that I bought in Lima and recently introduced to the market, a decision that I would regret later.
Four SU-22 aircraft departed. Me in the two-seater, of course. The plan was to take the photo of the other three «Sukoys» with the citadel of Macchu Picchu in the background. In a few minutes we covered the short distance between Arequipa and Cusco with the powerful fighters.
The squadron began the descent into the valley of the Vilcanota River that meandered below. As we descend between the mountains, they begin to caress our metal wings with increasing concern. We should look down on the Apus (mountain Gods of the Incas), but by that time they were already higher than our squadron!
The mountains are beginning to surround us! – is heard over the intercom.
Yes. They’re very close-
Can you see Macchu Picchu? Another voice asks.
I don’t know if we should go that low. We’re in the middle of the mountains-
There’s Macchu Picchu!» shouts “Bronco” over the intercom, «take the picture!» Take the picture! You see it!
Suddenly, I see the «Bronco» plane on my left against the valley floor. Below, far below and obscured by shadows, I perceive the faint path that leads up to the citadel, invisible to me at that moment.
Yes, I see it! – I answer into the microphone – Photo! Photo! Photo!…
Just three frames before the fighters quickly escape the from the trap, outwitting the wrath of the Apus. It was the consequence of the technology of the time. The limitations of the film, the small exposure latitude, and the absence of a motor to pull the film were important considerations to take into account. Every shot, every frame, meant the difference between a good photograph and disaster.
I took the roll of film to be developed in a laboratory in Arequipa. I didn’t realize that the new film hadn’t reached that market yet and that it required a different development process. In addition, the film was ISO 25, a very low sensitivity but not a problem for photographing airplanes in flight at high altitude, where the sun shines very strongly.
The result? A disaster. The negative ended up under-exposed and with very little definition (in sight).
The uselessness of the images turned out to be a serious blow to my prestige and pride. Still, I saved the negatives carefully, hoping that the future would provide solutions.
And so, it was. Digital photography technology has come a long way and artificial intelligence provides new tools (AI has been used somehow since the 1990s with the introduction of Photoshop).
After digitizing the «lost» negative and subjecting it to a digital development process, in a few hours I was able to extract this image, unpublished, unusual – and now that the venerable SU-22 is resting their retirement – it will be unrepeatable.
Para los pilotos de caza el límite es el cielo, literal y figurativo. No puedo rechazar la oferta de encaramarme al éter en un ingenio tecnológico de guerra, menos si eso significa desempeñar el oficio que más aprecio, el de fotógrafo.
En poco tiempo estamos listos para despegar. Ese día decidí emplear una nueva película de Kodak Ektar 25 que adquirí en Lima y recientemente introducida al mercado, decisión de la que me arrepentiría más tarde.
Partimos cuatro aviones SU-22. Yo en el biplaza lógicamente. El plan era tomar la foto de los otros tres “Sukoys” con la ciudadela de Macchu Picchu al fondo. En pocos minutos cubrimos la corta distancia entre Arequipa y Cusco con los poderosos cazas.
La escuadrilla comenzó el descenso hacia el valle del río Vilcanota que serpenteaba más abajo. Conforme descendemos las montañas, empiezan a acariciar nuestras alas de metal con creciente preocupación. Deberíamos mirar a los Apus hacia abajo, ¡pero en ese momento ya estaban a mayor altura que nuestra escuadrilla!
¡Las montañas empiezan a rodearnos! – se escucha por el intercomunicador.
Si. Están muy cerca-
¿Pueden ver a Macchu Picchu? – interroga otra voz.
No sé si debiéramos bajar tanto. Estamos en medio de las montañas-
¡Allí está Macchu Picchu ¡- grita Bronco por el interfono- ¡toma la foto! ¡toma la foto! ¡La ves!
De pronto observo a mi izquierda el avión de “Bronco” contra el fondo del valle. Abajo, muy abajo y oscurecido por las sombras percibo el tenuemente camino que sube a la ciudadela, para mi invisible en ese instante.
¡Si la veo! – respondo por el micrófono- ¡Foto! ¡Foto! ¡Foto!…
Solo tres fotogramas antes que los cazas escapen de la hollada con rapidez, burlando la ira de los Apus. Era la consecuencia de la tecnología de la época. Las limitaciones del rollo fotográfico, la pequeña latitud de exposición y la ausencia de un motor que arrastre la película, eran importantes consideraciones para tomar en cuenta. Cada disparo, cada encuadre, significaba la diferencia entre una buena fotografía y el desastre.
Llevé el rollo de película a ser revelado en un laboratorio en Arequipa. No me percaté que la nueva película aún no llegaba a ese mercado y que requería un proceso de revelado diferente. Además, la película era de ISO 25, una sensibilidad muy baja pero que no era problema para fotografiar aviones en vuelo a gran altura, donde el sol ilumina con mucha fuerza.
¿El resultado? Un desastre. El negativo terminó sub-expuesto y con muy poca definición (a la vista).
La inutilidad de las imágenes resultó ser un duro golpe a mi prestigio y orgullo. Así todo, guardé los negativos con cuidado esperando que el futuro diera soluciones.
Y así fue. La tecnología de la fotografía digital ha avanzado mucho y la inteligencia artificial brinda nuevas herramientas (ojo, la IA ya se emplea desde los años noventa con la introducción del Photoshop).
Luego de digitalizar el negativo “perdido” y someterlo a un proceso de revelado digital, en pocas horas fui capaz de extraer esta imagen, inédita, insólita -y ahora que los venerables SU-22 descansan su jubilación- será irrepetible.
Raquel Uccello está plena de juventud y sueños. A sus 20 años conserva un poco el alma de niña que empieza a morir. Estudia leyes en la universidad y cultiva su hermoso cuerpo en largas sesiones de gimnasio. Pasa incontables minutos peinando su largo y negro pelo frente al espejo. Puede advertir el mágico efecto que sus ojos azules y su tez blanca causa en los jóvenes que zumban a su alrededor. Sus padres, han advertido la metamorfosis de su hija y están un poco mortificados con las constantes llamadas telefónicas que recibe Raquel. Se resignan a pensar que el matrimonio es cuestión de tiempo, aunque abrigan la esperanza que su hija termine los estudios que tanto les cuesta. El amor paternal los ha cegado y no perciben la volubilidad de Raquel. La niña/mujer lucha contra los dogmas religiosos de su formación escolar y contra la contradicción evolutiva de sus hormonas. Raquel siente vergüenza, pero también deseo. Ha transitado muy sola por el umbral de la maduración, empaquetando su frustración en una costra de voluntarismo y engreimiento. Raquel, puede ser realmente insoportable.
Se ha enamorado de Roberto de Suárez. Es su compañero de facultad. Han hecho amistad en los privilegiados corrillos universitarios, centro de su pequeño, pero exclusivo, mundo social. En alguna de esas usuales fiestas de sociedad, Raquel y Roberto habían consumado su relación.
Alto, atlético, buen mozo y de modales muy refinados, forma parte del equipo deportivo de la universidad. Su carácter ocurrente y alegre, le ha granjeado numerosas amistades. Los catedráticos lo respetan por sus excelentes calificaciones. Viene de una familia de limeñísimo abolengo, pero de extraviada fortuna. Sus padres han hecho muchos sacrificios por darle la mejor educación, intentando que Roberto sea capaz de abrirse paso en una Lima cada vez más heterogénea y en una sociedad cada vez más contradictoria. Es igualmente felíz escuchando a Haendel o al Grupo 5, leyendo a Kant, García Márquez, Hemingway o Baily, viajar en taxi o en combi. Se considera un limeño moderno, fruto de su tiempo y de inusual tolerancia social.
Va finalizando el ciclo y Roberto es conciente de la disminución de sus calificaciones. Reconoce que no se ha esforzado lo suficiente. No quiere defraudar a sus padres. Ellos se esfuerzan mucho para pagar la universidad. Hace pocos años había sido becado debido a su excelente rendimiento y era un alivio al esfuerzo de sus padres. Se sintió muy defraudado. La relación con la bella Raquel lo perjudica.
Raquel, se ufana ante sus amistades. Exibe a Roberto como una presa, pero se ha enamorado locamente de él. Es atractivo, sensible, atento a sus necesidades y caprichos. Roberto tiene limitaciones financieras, pero Raquel lo tolera, es una inversión a largo plazo.
—
Por fin se anima a tocar la puerta. Es una calle de Surco, bastante nueva, con las casas de la nueva clase media. La casa de Raquel es como una casa hacienda en miniatura, subconsciente deseo limeño. Techo de dos aguas de concreto y tejas. Ventanales de madera con barrotes de hierro negro. Paredes de bordes redondeados con arcos que conducen a imaginarios zaguanes. Y puerta de caoba pesadamente labrada símbolo de un inexistente estatus.
Raquel abre sonriente como siempre y de un salto se abrazó del cuello de Roberto dándole besitos cariñosos en la cara y en la boca. –¡hola, mi amor, como has estado! ¡anoche te extrañé muchísimo! ¡Como quisiera quedarme contigo, junto a ti, dormir juntitos mi amor! – A Roberto siempre le han parecido un poco fingidas las exageradas demostraciones de cariño de Raquel. No se ha percatado que son los remilgos de una joven aun inmadura. Pasaron a la salita de estar, su pequeño nido de amor. A pocos metros del vestíbulo de ingreso y oculto por la escalera de acceso al segundo piso se encuentra la salita. Allí Raquel ha instalado un televisor para poder pasar horas y horas junto a Roberto, entre programas, besos y arrumacos.
-Amor, me llamó Laura, dice para salir el viernes al Boulevard– dice Raquel, aún agitada de tanto saltimbanqui.
-Bueno… podría ser… no se-
-No te preocupes por la plata mi amor. Ya sabes que eso no es importante. Yo le pido a mi papá y se acabó. Yo te quiero así, por lo que eres-
-Si, ya lo se… pero, es que tengo que estudiar, pues-
– ¿Qué, en febrero, en plenas vacaciones? Que te pasa Roberto. ¿Acaso hay algo que te preocupa? –
-La verdad que si- se atrevió a confesar todo- El ciclo no lo he terminado muy bien. Mis notas han caído mucho-
– ¡Bah! Pero si tus notas son excelentes- desdeñó Raquel sin preocupación –Todos los profesores hablan muy bien de ti. ¡Yo no se para que te preocupas! –
– ¡No! Es en serio Raquel. Estoy muy preocupado. Nunca había tenido esa clase de problemas.
– ¡Bueno, si quieres estudiar, estudia pues! – Raquel de un salto se sentó lejos de él en el sillón. Su cara no disimulaba el rictus del disgusto. Sus pobladas cejas caían sobre sus azules ojos. Roberto se sobresaltó un poco. Nunca había hecho sentirse mal a una mujer, es un rasgo de atávica caballerosidad que sus padres habían impreso.
– ¿No te importaría si estudio más tiempo? –
– ¿A qué te refieres? -lo miró intrigada.
-El próximo ciclo… es decir… necesito dedicarles más tiempo a los estudios. Mira, siempre estamos aquí los dos juntos en las noches. Yo se que la pasamos muy bien y me gusta tu compañía…-
-Bueno lo que podemos hacer es vernos solo algunos días Roberto- interrumpió Raquel. La idea parecía viable. Algunos días iría y algunos no para poder estudiar. ¿Pero si estaba enamorado de ella? ¿cómo haría para no pensar en ella, para luchar contra ese fuerte impulso de buscarla, abrazarla, besarla, penetrar en su húmeda juventud? La chica lo está volviendo loco.
-Roberto, ¿estas allí? – Empezaba a juguetear con él nuevamente. Esa sonrisa, sus ojos azules magnéticos. Se moría por ella, era la verdad. La chiquilla lo dominaba con su sola mirada. Era su perdición.
-Estaba pensando- acotó nervioso. Las manos le sudaban, raro en él. Perdía el valor. Podía hacer trizas al equipo rival, podía responder a los mas serios interrogatorios de sus profesores, nunca perdía la calma. Ahora se sentía mal, nervioso, como perro acorralado. Balbuceó algo casi imperceptible –debemos separarnos- Raquel lo miró imperturbable. Su sexto sentido de mujer funcionaba a la perfección. Sabía que podría dominarlo.
– ¿Por qué? ¿ya no te gusto acaso? – Raquel colocaba su trampa.
-No, no es eso- respondió abriendo los ojos y haciendo un ademán como de alejarse.
– ¿Entonces que es? ¿Otra mujer acaso? –
– ¡No! – Ella sabía que Roberto nunca sería infiel. La pregunta era parte de su estrategia. Roberto hacía el esfuerzo por mantener la compostura.
–¿Que hice mal Roberto, en que te he fallado? ¡Por Dios, Dímelo por favor! ¿En que te he fallado querido Roberto? – empezaba Raquel a sollozar.
-No, tu no… tengo que terminar… ¡tenemos que terminar! Debo concentrarme en los estudios, ya sabes, la beca, mi mamá que se esfuerza tanto. No puedo. Tengo que terminar nuestra relación- Roberto sentía que se le iba el alma en aquellas torpes confesiones. Las luces de alarma explotaban en el corazón de Raquel. El motivo era poderoso. No hay muchas armas contra eso. Se sentía frustrada, atacada. Pensó en la madre de Roberto, veía al obstáculo de sus planes, de su futuro, de su obsesión. Hijo de su madre pensó. Roberto se paró de un salto. La cabeza le daba vueltas, la salita, su nido de amor le daba vueltas, su olor lo atraía. Tenía que huir de su olor. De sus ojos, de su hermoso pelo, de su cuerpo perfecto. Tengo que romper el hechizo. No lo piensa, pero lo intuye. Huye, rápido. –Raquel, tengo que irme-
Plan alternativo. ¡Berrinche! – ¡Roberto, no te vayas! ¿Qué te he hecho, dime por favor? – Que fea se le ve, pensó Roberto. Nunca la había visto llorar con tanta fuerza. Su cara estaba desfigurada, roja, arrugada. Dios mío, que desagradable. –Lo siento Raquel, no puedo seguir contigo, ahora me voy. Me tengo que ir- Sintió que ahora decía las cosas con más convicción. Raquel empezaba a convencerse de su dolor. Lo que empezó como una reacción instintiva se iba apoderando de su conciente y quien sabe de su subconsciente también. Se colgaba de la ropa de Roberto. No quería que se vaya. Sentía que las lágrimas se les salían sin control. Su orgullo ya no era importante. ¡Roberto no te vayas! –Casi se arrastraba tras él – ¡No me dejes así, por favor!
Roberto ya no mira atrás. Tiene que salir de aquella casa. Cogió la cerradura de la puerta y dudó por un instante. En la planta alta los padres de Raquel estarían escuchando todo el drama. Que van a pensar de mi. Giró el pomo de la puerta y ésta se abrió. Allí estaba la calle. Tengo que hacerlo. Raquel continuaba su rabieta gritando cada vez más fuerte. Roberto se soltó delicadamente de Raquel y avanzó con la cabeza gacha. El llanto de Raquel se perdía con cada paso.
—
Raquel no dejaba de llorar. Su madre intentaba consolarla diciéndole que son experiencias de la vida y que posiblemente Roberto regresaría pronto. Su padre no le dio gran importancia al asunto. En su juventud había vivido cosas similares. No es el fin del mundo pensó. Creyeron que lo mejor sería dejar que las cosas cayeran por su propio peso. En fin, su hija es joven y bonita y pronto llegaría un nuevo pretendiente que la haga olvidar todo el asunto. Uno o dos días de llanto no la matarían.
Roberto está muy asustado. Se sentía ruin y malévolo. ¿Cómo le pude haber hecho eso? Se preguntaba. Ella que ha sido tan buena y cariñosa conmigo. Los siguientes días no pudo concentrarse en otra cosa. Leía sus libros, pero su mente estaba en donde Raquel. Pensaba que era inútil seguir así. Hay que darle tiempo al tiempo, pensaba.
La habitación está descuidada. Raquel no se quita el pijama para nada. Hace que la empleada le lleve un poco de comida al cuarto. La ropa de aquella tarde la ha puesto en el basurero pensando en neutralizar la maldición que emana de ellas. Se siente muy insegura. Al mirarse al espejo se ve fea, despreciable. ¿Por qué? Se queja y llora con amargura. Se duerme de cansancio entre sollozos apretando su peluche. ¡no valgo nada! Se repetía incesantemente.
Al tercer día tuvo el valor de bajar a la salita. Era un sábado y sus padres habían salido a una reunión social. Las paredes y los muebles le hablan de su desgracia. Mudos testigos de su enorme drama personal. Aun empijamada enciende la TV. Encuentra una película romántica. Un drama de Hollywood. La protagonista era engañada por su perverso y mujeriego marido. Decide suicidarse y a último momento llega el amante arrepentido y la salva de una muerte segura. ¡La muerte! Hermoso camino que la liberaría de tanto sufrimiento. ¿Y el pecado?… seguro que Dios la entendería. ¡Estoy sufriendo tanto!
Raquel se dirigió al cobertizo donde su padre guarda las herramientas del hermoso jardín que tan prolijamente cuidaba. Se dirigió a la repisa que contenía los fertilizantes y plaguicidas. Tras unos envases nuevos halló aquel frasco de vidrio oscuro cuya amarillenta etiqueta escrita a mano decía: Arsenito de Sodio. Fue hace varios años, pero Raquel lo recordaba como si fuera ayer. Su tío Miguel había traído de su trabajo, aquel frasco misterioso por pedido de su padre. A ella le habían enseñado que era muy peligroso y que nunca lo tocara. Raquel había sido obediente hasta el día de hoy.
Llevó el frasco hasta la cocina. Cogió una coca cola. La vació en un vaso. Para que no sepa feo, pensó. Y le agregó una cucharadita del mortal, incoloro, inodoro e insípido polvo. La coca cola soltó unas cuantas burbujas que luego se disiparon. Caminó lentamente hasta la salita con su mortal bebida, el vaso quedó sobre la mesa auxiliar junto al sillón y se sentó a pensar.
Roberto está intentando distraerse. Había ido a la universidad a jugar fulbito con sus amigos y luego irían a ver una película en un cine cercano. Los amigos no dejaban en paz a Roberto, es buen jugador, pero aquella tarde parecía un principante. ¡Oye Roberto, estás dormido! ¡Parece que estás enamorado… ja, ja! Estaba jugando realmente mal pero solo él conocía la causa. No puede quitarse a Raquel del pensamiento. Acabado el partido decidió ir a ver a Raquel. La media hora de viaje en autobus le sirvió para poner en orden sus ideas y ver como llegaba la noche.
Al acercarse a la puerta de la casa se detuvo un instante titubeando. Por fin tocó el timbre.
El sonido de las campanas asustó a una Raquel sumida profundamente en sus pensamientos. Se levantó de un salto, pero luego pensó – no vayan a ser ladrones- Tímidamente preguntó por el intercomunicador – ¿Quién es?
Ro… Roberto-
¡Era Roberto, había regresado! tal como sus padres le habían dicho. – ¡Roberto! – gritó al mismo tiempo que corría hacia la puerta. La abrió con estrépito y se abalanzó sobre él. ¡Roberto, sabía que regresarías. mi amor. ven, entra por favor!
Roberto la siguió obediente como siempre mirando con curiosidad el pijama y el pelo desordenado de Raquel. ¡Pero mírame, Roberto, estoy hecha una facha, no me he lavado ni cambiado! Por favor siéntate, tenemos mucho de que hablar, voy a subir a cambiarme mi amor, espérate un instante, ya regreso… espérate. Raquel se alejaba hacia la escalera y Roberto no había podido pronunciar palabra. Era imposible, no dejaba de hablar. La vio desaparecer al final de la escalera y decidió sentarse en el sillón testigo, entre las paredes mudas de la salita, frente a la TV encendida.
Raquel se sentía triunfante. Se desvistió rápidamente y entró a la ducha. No podía creerlo, Roberto había regresado y con él la confianza en sí misma. El agua ya estaba tibia y Raquel dejó que le cayera aquel chorro revitalizador en su cabeza y en su hermoso cuerpo. Que alegría. Y pensar que hace algunos minutos estaba pensando acabar con su vida. Que tontería, todo tiene solución en esta vida. Mis padres tenían razón. Y al pensar esto recordó el frasco oscuro y su terrible contenido. ¡La coca cola! Regresó a su mente la imagen del vaso colocado sobre la mesita junto al sillón. ¡Roberto! Gritó desesperadamente, tropezando con las puertas y resbalando en el piso de mayólica. ¡Roberto! Gritaba sin respuesta. Bajó la escalera semidesnuda. No, no, por favor. Al llegar a la puerta de salita vio el sillón vacío. Al bajar la mirada vio a Roberto tendido en la alfombra acurrucado cogiéndose el vientre con las dos manos y la mirada vidriosa en los últimos estertores de la muerte.