Las urnas castigaron a Trump y a los multimillonarios; la política hacia América Latina podría seguir igual

Nov 4, 2026 · @Ivan Izquierdo Elliot

Lo que las elecciones de medio término en Estados Unidos significan, y lo que no significan, para el Perú y la región.

La madrugada del miércoles, las principales cadenas estadounidenses proyectaron que el Partido Demócrata recuperaba la Cámara de Representantes y el Senado. Fue una derrota amplia para el presidente Donald Trump, con su aprobación cerca del 38 % y con el costo de vida como la preocupación dominante de los votantes. Fue también una derrota de los multimillonarios que apostaron cientos de millones de dólares por sus candidatos, empezando por Elon Musk. Desde enero, Trump gobernará por primera vez en su segundo mandato sin un Congreso a su favor. La reacción del presidente fue reveladora. En su primera aparición pública tras la derrota, Trump no abrió hablando de las elecciones: convocó a la prensa a la obra de su nuevo salón de baile en la Casa Blanca. Elogió sus columnas corintias, el búnker de cinco pisos bajo la estructura y el nuevo helipuerto del jardín sur, y aseguró que la obra va adelantada y por debajo del presupuesto. Es lo que hace un constructor: ante un mal resultado, habla de cemento. Los mercados, en cambio, respondieron sin rodeos. El miércoles el Dow Jones subió más de 1.200 puntos, alrededor de 2,4 %, camino a su mejor jornada desde abril, y el S&P 500 y el Nasdaq ganaron 1,4 % cada uno. No todas las acciones celebraron: las de SpaceX y Tesla, las empresas de Musk, cayeron cerca de 4 % antes de la apertura, y las ligadas a los centros de datos de inteligencia artificial perdieron terreno, mientras gigantes tecnológicos como Apple y Amazon sí se sumaron al alza. El mercado castigó a quienes más apostaron por los candidatos derrotados. Los inversionistas celebraron la certeza de un resultado claro, la perspectiva de un gobierno dividido que frene las políticas más extremas y el tono conciliador del propio Trump, que dijo que aceptaría el resultado. La ironía es evidente: a comienzos de año, el presidente había advertido que la bolsa se desplomaría como en 1929 si los demócratas tomaban el Congreso.

En América Latina es fácil leer este resultado como un alivio. Sería un error. Lo que cambió en Washington es quién vigila al presidente, no quién conduce la política exterior. Y para el Perú esa diferencia importa.

La Casa Blanca publicó esta imagen en X el miércoles 4 de noviembre, tras las derrotas republicanas. El texto dice «PSA: Trump is still your president» («Aviso de servicio público: Trump sigue siendo tu presidente»). La foto del presidente, inclinado sobre su escritorio, con los puños apoyados y la mirada fija en la cámara, proyecta una imagen sumamente amenazante. La acompañó el mensaje «Thank you for your attention to this matter» («Gracias por su atención a este asunto»).

Los resultados en cifras

NBC News (Cámara) y Ballotpedia (Senado), 4 de noviembre de 2026

NBC News, ABC News y AP, 4 de noviembre de 2026; mapa de mosaicos, un cuadro por estado

Kansas y Alaska seguían sin proyección en la mañana del miércoles; las cifras pueden moverse mientras termina el conteo. Conviene recordar que todos los resultados de este artículo son proyecciones de los medios, no cifras oficiales. En Estados Unidos cada estado certifica sus propios votos, con plazos que van de fines de noviembre a mediados de diciembre, y los recuentos o segundas vueltas pueden alargarlos. El nuevo Congreso asumirá el 3 de enero de 2027.

Lo que dijeron los votantes

Las encuestas de la noche electoral describen un electorado molesto, golpeado por los precios y desconfiado de su gobierno. La AP Voter Poll, con unos 80.000 votantes en los 50 estados, encontró que cerca de tres de cada cuatro se sienten «enojados» o «insatisfechos» con el rumbo del país, incluso en estados republicanos.

Qué se preguntóResultadoEncuesta
Principal problema del paísEconomía, unos 4 de cada 10; democracia, unos 3 de cada 10; migración o salud, cerca de 1 de cada 10AP Voter Poll
Temas «cruciales» para el votoCorrupción y costo de vida, cerca de la mitad cada unoAP Voter Poll
Efecto de la inflación en el hogarUnos 8 de cada 10 sufren dificultades «severas» o «moderadas»AP Voter Poll
Efecto de las políticas de TrumpUnos 2 de cada 3 dicen que empeoraron la economía; otros tantos, que los aranceles la perjudicaronAP Voter Poll
Motivo del votoUnos 4 de cada 10 votaron para expresar oposición a TrumpAP Voter Poll
Confianza para manejar la economíaDemócratas 43 %, republicanos 37 %NBC News Exit Poll
Control migratorio de Trump57 % cree que ha ido demasiado lejosNBC News Exit Poll
Aprobación de Trump38 %, históricamente baja para una elección de medio términoCBS News

El dato que más debe interesar a la región es el de los aranceles: los propios votantes estadounidenses los ven como una causa del costo de vida. Eso da a un Congreso demócrata un argumento interno, no solo diplomático, para cuestionarlos.

No fue, sin embargo, un giro ideológico. NBC registró más opiniones negativas que positivas de ambos partidos, y la AP encontró que más de la mitad ve con buenos ojos el libre mercado, frente a unos 3 de cada 10 que opinan lo mismo del socialismo. Fue un voto de castigo por los precios y la conducta del gobierno, más que una adhesión al programa demócrata. Hubo además un segundo rechazo, tan claro como el primero. Muchos de los candidatos que ganaron no solo hicieron campaña contra las políticas de Trump, sino también contra el poder que los multimillonarios han adquirido en la política estadounidense. Elon Musk, el hombre más rico del mundo, aportó más de 445 millones de dólares a causas republicanas, lo que lo convierte en el mayor donante individual de la historia electoral moderna del país. Destinó unos 224 millones solo a Texas, donde perdieron tanto Ken Paxton como el gobernador Greg Abbott, este último frente a Gina Hinojosa, que atacó a Musk directamente. De las 44 contiendas federales en las que intervino su comité America PAC, los republicanos que respaldó habían perdido 29 y ganado apenas tres hasta la mañana del miércoles. El mensaje se repitió en otros estados. Sherrod Brown cerró su campaña en Ohio con un anuncio contra los multimillonarios y las grandes corporaciones, y Roy Cooper dedicó parte de su discurso de victoria en Carolina del Norte a la influencia de esas fortunas. En las encuestas a boca de urna, los votantes asociaron la corrupción del gobierno con el peso creciente de los multimillonarios. Fue un rechazo directo a la idea de que el poder político se puede comprar.

Entre los votantes de esta elección hubo uno sin precedentes. El papa León XIV, nacido en Chicago y ciudadano estadounidense, votó por correo en Illinois y se convirtió en el primer pontífice que participa en una elección de Estados Unidos. Para los peruanos el dato tiene un eco especial: según el Vaticano, cuando vivía en el Perú también votaba siempre que podía. Su voto es secreto y, a lo largo de los años, ha participado en primarias de ambos partidos. Pero lo emitió en medio de choques públicos con el presidente Trump por la política migratoria y la guerra con Irán, y ese contexto dice tanto como la papeleta misma.

Lo que no va a cambiar

Casi todo lo que más le ha pesado a la región en estos dos años se decidió desde la Casa Blanca, no desde el Capitolio. Los aranceles, las sanciones, los acuerdos de deportación y el fin de las protecciones migratorias temporales para haitianos, hondureños, nicaragüenses y venezolanos fueron actos del Ejecutivo. El nuevo Congreso podrá convocar audiencias y apretar el presupuesto, pero no tiene los votos para anular nada de eso: revertir un veto exige dos tercios de ambas cámaras.

Tampoco cambiará la idea de fondo: que el hemisferio es zona de influencia de Estados Unidos y su estrategia para contener la presencia China. En esa lógica, el puerto de Chancay seguirá siendo un tema incómodo en la agenda bilateral, gane quien gane en el Capitolio. Conviene recordar que la desconfianza hacia la inversión china en la región es una de las pocas posiciones que comparten republicanos y demócratas.

La compra de los cazas F-16 mostró hasta dónde llega esa lógica. El 17 de abril, horas antes de la firma prevista, el presidente interino José María Balcázar anunció que dejaría al próximo gobierno la decisión de comprar 24 F-16 Block 70, una operación de unos 3.500 millones de dólares. El embajador estadounidense Bernie Navarro respondió en redes sociales acusando al Perú de actuar «de mala fe» y advirtiendo que su país usaría «todas las herramientas» a su alcance. La crisis costó el cargo al canciller y al ministro de Defensa, y el 20 de abril la FAP firmó con Lockheed Martin un primer contrato por 12 aviones, elegidos según su resolución por «razones geopolíticas y estratégicas».

Navarro negó después que se tratara de una amenaza. Aun así, el episodio dejó dos lecturas en Lima. Algunos políticos, como Rafael Belaúnde, entonces candidato presidencial y hoy ministro de Defensa del gobierno de Keiko Fujimori, cuestionaron la coherencia de exigir el cumplimiento de un compromiso mientras se imponen aranceles al cobre manufacturado peruano. Y quedó claro que Washington trata estas decisiones como parte de su agenda hemisférica, una agenda que se maneja desde el Ejecutivo y no desde el Congreso.

Lo que sí puede cambiar

El poder real del nuevo Congreso está en la supervisión y en el dinero. Con mayoría en las comisiones, los demócratas tendrán capacidad de citar funcionarios, pedir documentos y abrir investigaciones. Varios analistas anticipan que pondrán la lupa sobre la política hacia Venezuela, incluido el manejo de los ingresos petroleros, sobre los ataques militares contra presuntas embarcaciones de narcotraficantes y sobre el uso de los poderes de guerra. Es poco probable que eso cambie las decisiones del presidente, pero sí puede elevar su costo político. La primera víctima del nuevo equilibrio podría estar en el propio gabinete. Según CBS News, Trump ha estado preguntando a sus asesores si el secretario de Defensa, Pete Hegseth, debe seguir en el cargo, y el gobernador de Florida, Ron DeSantis, aparece mencionado como posible reemplazo. La Casa Blanca asegura que el presidente mantiene «plena confianza» en Hegseth y no hay ninguna decisión tomada. Pero los demócratas ya buscaban someterlo a juicio político antes de la elección, y con mayorías en ambas cámaras esa presión crecerá. Para el Perú no es un detalle menor: el Pentágono es el interlocutor de la cooperación militar y de programas como el de los F-16. Las acusaciones contra Hegseth ya están sobre la mesa. En abril, un grupo de demócratas presentó seis artículos de juicio político que lo acusan de abuso de poder y crímenes de guerra. Señalan la guerra contra Irán, iniciada sin autorización del Congreso, en la que un bombardeo sobre una escuela de niñas en Minab dejó al menos 175 muertos, un ataque que según The New York Times podría haber sido estadounidense. Señalan también los bombardeos contra lanchas en el Caribe que Washington presenta como embarcaciones de «narcoterroristas», entre ellos uno de septiembre de 2025 en el que un segundo ataque mató a dos sobrevivientes que se aferraban a los restos del naufragio. Y lo acusan de ocultar al Congreso información sobre las operaciones en Irán y Venezuela. En septiembre, el republicano Thomas Massie presentó sus propios artículos, que incluyen la captura de Nicolás Maduro en enero, a la que llamó el «secuestro de un líder extranjero soberano». Ninguna de las tres operaciones, la guerra con Irán, los ataques en el Caribe y la captura de Maduro, contó con la autorización del Congreso. Para sus críticos, eso viola la Constitución, que reserva al Congreso la facultad de declarar la guerra. El Pentágono y la Casa Blanca rechazan las acusaciones y sostienen que los ataques se ajustaron a la ley y que el presidente actuó dentro de sus facultades como comandante en jefe. Pero con la Cámara en manos demócratas, esos expedientes ya no son simbólicos: pueden llegar a votarse. Y para América Latina la discusión toca de cerca, porque los ataques en el Caribe y la operación en Venezuela ocurrieron en nuestra región.

El presupuesto es el otro frente. La ayuda exterior hacia la región cayó con el desmantelamiento de USAID, y un Congreso demócrata intentará recuperar parte de ese terreno. Para países como el Perú, que dependen de la cooperación en temas como la lucha contra el narcotráfico, el fortalecimiento institucional o la seguridad ciudadana, esa negociación presupuestaria importa tanto como cualquier declaración de la Casa Blanca.

Y está el comercio. La Constitución estadounidense le da al Congreso la autoridad principal sobre los aranceles, una facultad que el Ejecutivo ha esquivado. Un Congreso dispuesto a reclamarla no desmontará la política comercial de un día para otro, pero abre un espacio de discusión que antes estaba cerrado.

El mensaje en el voto latino

Hay un dato que la región no debería pasar por alto. Uno de los cambios más claros de esta elección se dio entre los votantes latinos, que en 2024 se habían acercado a Trump. Encuestas previas ya mostraban que su aprobación del presidente había caído de 38 % a 24 % en año y medio, y que preferían a los candidatos demócratas por más de veinte puntos. La AP Voter Poll confirmó el martes que los votantes hispanos y los jóvenes se alejaron de los republicanos. La política migratoria, las deportaciones y el costo de vida pesaron en esa decisión. Para América Latina esto tiene una lectura práctica: la diáspora latinoamericana es hoy uno de los electorados que deciden elecciones en Estados Unidos. Los propios estrategas demócratas advierten que ese respaldo puede ser pasajero si no reciben resultados concretos. Es decir, la región tiene en Estados Unidos una voz que los partidos de ambos lados están obligados a escuchar.

Lo que le toca al Perú

El Perú conoce de cerca el peso de las decisiones que se toman en la Casa Blanca. Cuando la Corte Suprema estadounidense anuló en febrero los aranceles globales, la administración no retrocedió, sino que buscó otra base legal. En julio impuso, con la Sección 301 de la Ley de Comercio, aranceles de hasta 12,5 % a sesenta economías, entre ellas la nuestra. Antes había golpeado con tasas de hasta 50 % a las manufacturas de cobre, un rubro que el año pasado sumó unos 500 millones de dólares en exportaciones peruanas. Nada de eso depende de quién preside las comisiones del Congreso.

ADEX, ComexPerú, Mincetur y Agraria.pe; enero a agosto de 2024 a 2026

Las exportaciones con valor agregado a EE. UU. pasaron de crecer 14 % a 4,3 % justo cuando el arancel adicional subió de 0 % a 10 % en abril de 2025 y a 12,5 % en julio de 2026. El total sigue al alza solo por el cobre en bruto, que no paga el nuevo recargo. Joyería y confecciones son los sectores más golpeados. Estos resultados son prematuros. Hay solo tres periodos comparables y los datos de 2026 llegan hasta agosto. Además, el fenómeno de El Niño ya afecta a la agroexportación y puede seguir haciéndolo en los próximos meses. Habrá que esperar el cierre del año para separar ambos efectos.

Este año el Perú y Estados Unidos celebraron doscientos años de relaciones diplomáticas. Esa relación ha sobrevivido a gobiernos de todos los signos en ambos países porque nunca dependió de un solo interlocutor. La lección de esta elección va en esa línea. Durante dos años, buena parte de la diplomacia regional se concentró en la Casa Blanca, porque era allí donde se tomaban las decisiones y el Congreso no las cuestionaba. Desde enero, el Capitolio vuelve a tener peso. El Perú haría bien en ampliar su trabajo con legisladores de ambos partidos, con las comisiones de relaciones exteriores, comercio y presupuesto, y con los gobernadores y congresistas de los estados donde viven más peruanos. El Tratado de Libre Comercio, la cooperación en seguridad y la defensa de nuestras exportaciones se discutirán también en esos espacios. Al mismo tiempo, no hay que confundirse. Durante los próximos dos años la política hacia la región la seguirá dictando el presidente Trump, con menos margen interno y quizá con más interés en mostrar fuerza hacia afuera. Para el Perú, la estrategia sensata no es apostar por uno de los dos poderes de Washington, sino hablar con ambos.

Las elecciones del martes recordaron algo que en nuestra región a veces se olvida: en una democracia, el poder se renueva y se controla en las urnas, y los contrapesos funcionan aunque tarden. Para quienes miramos desde el sur, la noticia no es que Washington haya cambiado de rumbo, sino que tendrá más voces en el debate. Nos conviene estar atentos y presentes en todas, pero eso dependerá de un correcto pensamiento estratégico.

Fuentes

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