ESTOY PA’ L GATO

¡Achú!, llega agosto con sus pestes sumadas a la inacabable pandemia. Tanta mascarilla y lavado de manos no ha evitado el contagio de una molestosa gripe estacional. ¡Me duelen las articulaciones, lagrimean los ojos y corre la nariz consumiendo interminables rollos de papel higiénico (por suerte se acabó la escasez de este)!

¡Achú! “Estas pa’l gato” exclama mi esposa. Miro a mi gato Whisky ¿Qué tienes que ver con el malestar? En realidad, nada.

Cuenta Palma que durante la colonia el hoy famoso jirón Azángaro era denominado “calle del gato”, extraña y felina alusión al hospicio para enfermos y moribundos regido por piadosos hombres de dios, posible destino final de muchos agripados. La Lima colonial y sus usuales pestes, dice la leyenda que es obra de la venganza del cacique Tauli Chuspi, no ha perdido su enfermizo encanto regalándonos gripes y fiebres estacionales que se repiten religiosamente desde antaño.

¡Achú! Estoy para el gato… para el jirón Azángaro, en donde hoy podría encontrar un certificado médico trucho o, cambiarme de identidad para sortear al molestoso virus. Whisky me mira con desinterés felino. Su nombre evoca la tradicional y deliciosa “caspiroleta” remedio de las abuelas para evitar llegar hasta el “gato” o al menos, sentirse feliz en la desdicha.

UN MES DE GOBIERNO

Luego de casi un mes en el poder, el gobierno de Castillo recién empieza a moderar el discurso, un discurso que desde el inicio parecía invitar a la confrontación política. El criticado nombramiento del gabinete Bellido y las derrotas en el Congreso lo estarían obligando a cambiar el rumbo. La “renuncia” del canciller Béjar se ha convertido en la prueba palpable de la feroz oposición que enfrenta. Esta situación abona evidencia de la improvisación de quienes hoy están en el poder. Jamás se habrían imaginado llegar donde llegaron, como tampoco se lo imaginó el duro conservadurismo que históricamente ha gozado del poder en la República. Por primera vez los capitanes del poder han perdido el mando por medio de una justa democrática (no por golpe de estado). La reacción es feroz, descarnada, sin cuartel. Son las formas de la institución democrática, pero también puede ser violenta (no físicamente), dura y empleando todos los recursos legales, propagandísticos y políticos que tengan a mano. Sin embargo, las formas democráticas previenen los excesos, deben impedir la ingobernabilidad, porque eso daña a todos.


Castillo debe comprender que el Perú se ha vuelto una encrucijada en la que deben convivir los logros económicos de muchos, sin los privilegios económicos de unos pocos. El balance es delicado y finalmente, puede ser explosivo, pero los agentes económicos se saben vestir de realismo y empiezan a dar muestras positivas adaptándose al nuevo contexto. ¿Se acabaron los amigos, el compadrazgo político-institucional y las prebendas? ¿Este gobierno lograría disminuir la dañina corrupción que atraviesa la sociedad, principalmente la denominada “gran corrupción”? Es prematuro discutirlo, pero es necesario estudiarlo.


El Congreso viene demostrando un interesante comportamiento. Se han fortalecido las alianzas de oposición que han ganado al oficialismo importantes iniciativas y comisiones, asegurando el balance de los indispensables pesos y contrapesos democráticos. Desde el Congreso, los mensajes al Ejecutivo son duros y directos, pero no son descabellados (como era la costumbre de anteriores Congresos). A la critica se suman importantes órganos autónomos de control como la Defensoría del Pueblo y la Contraloría General de la República que han reaccionado rápida y adecuadamente ante dudosos y polémicos nombramientos en puestos ministeriales. Estas instituciones resguardan contra decisiones de gobierno que atenten contra el buen gobierno.


Castillo deberá tomar decisiones importantes si es que quiere construir un mínimo de credibilidad, empezando por definir su relación con el partido “vientre de alquiler” de Vladimir Cerrón, radical personaje que sigue proporcionando los clavos para el ataúd del gobierno. Aun no hay muestras claras en ese sentido. Mañana deberán pedir al Congreso el voto de investidura al gabinete Bellido. Este será el incierto momento en que se termine de definir la relación política entre el Ejecutivo y el Legislativo.

Treinta días de gobierno no es mucho, pero esta vez parecen siglos para una sociedad muy preocupada y dividida.

Escenarios y factores del nuevo gobierno

Jueves 5 de agosto del 2021

A mediados de junio diseñé esta tabla con los potenciales riesgos a los que se enfrentaba el nuevo gobierno del Perú. Ya se sabía que Perú Libre había ganado las elecciones presidenciales del 2021 y empezaba el largo período de denuncias ante un inexistente fraude. Esto perfiló la aparición de ciertos riesgos, divididos en seis factores, político, legislativo, constitucional (o constitución), financiero, empresarial y social, diferenciados en 3 potenciales escenarios, un escenario ideal es decir, en el que todas las fuerzas políticas respetarían los resultados y trabajarían por la continuidad democrática; un segundo escenario, en el cual continuarían las tensiones pero con cierta moderación; y un tercer escenario, denominado de alto riesgo ya que las fuerzas políticas se enfrentarían intensamente desencadenándose una potencial vacancia o golpe de Estado.

En el momento actual (5 de agosto del 2021) y con el actual gobierno de Pedro Castillo con apenas una semana en el poder, el devenir político se ha movido rápidamente al escenario B, quien sabe, con algunos aspectos del escenario C.

Un aspecto faltante, sin embargo, ha sido mencionar el encarecimiento del dólar (devaluación) y el de los productos de primera necesidad. El aumento del precio de los combustibles no encajaría en esta proyección ya que se trata de un fenómeno global, sin embargo, esta alza contribuye fuertemente a la inflación, alza de precios, la polarización política y el malestar social.

En este momento no se puede saber que sucederá en el futuro inmediato.

EL PESO DE LAS INSTITUCIONES

viernes, 30 de Julio de 2021


A los políticos se les conoce por las actitudes, no por las palabras; por las decisiones, no por las promesas. En pocas horas en el poder, Pedro Castillo abandonó la careta y no ha sido necesario escuchar sus palabras para terminar de conocer sus reales intenciones. Señalar esto no es un ejercicio de cinismo ya que los resultados de primera vuelta dejaron a la ciudadanía con la obligada decisión de voto entre pésimos candidatos, el profesor radical desconocido y la potencial delincuente por confesión de partes involucradas. La mala calidad de las candidaturas era previsible y coincidentemente radical (de polos opuestos).


La traición


Los aliados de Pedro Castillo, partidos progresistas de izquierda y de centro, intentaron darle algún chance político, prestarle el capital político que necesitaba el desconocido profesor chotano. Meses de infructuosos esfuerzos y deslindes racionales acabaron en un solo día. Nos quedará el recuerdo de un derrotado Pedro Francke, de un cabizbajo Aníbal Torres caminando solo bajo la lluvia, de una desaparecida Verónika Mendoza y la declaratoria de rechazo del Partido Morado.
¿Cuál es el plan político de Perú Libre [dixit] Vladimir Cerrón y Pedro Castillo? Parece que copiar los métodos de las dictaduras populistas del continente. El primer mensaje presidencial a la Nación tiene claves a considerar. Abandonar el edificio del Palacio de Gobierno le daría a Castillo la oportunidad de escapar del escrutinio público, permitiría evitar el control de visitas e incómodos controles constitucionales a los que está obligado en la sede del Ejecutivo. Primer signo de turbiedad. Segundo, el descarado ofrecimiento de “proyectos de desarrollo” a las fuerzas armadas, es decir, millonarios presupuestos para sembrar cemento y acero, exactamente la misma estrategia que utilizó el presidente japonés en los noventa, asegurando las firmas de sujeción de los generales y almirantes corruptos, logrando la “lealtad militar” y el descalabro moral de las instituciones militares. Si Pedro Castillo logra una hipotética “lealtad militar” a su gobierno, el cambio de la Constitución y la perennización en el poder queda virtualmente asegurada (y única forma de conseguirlo).


Las instituciones


El Perú de hoy es muy distinto que el de los noventa. Las instituciones políticas han demostrado mayor capacidad, independencia y resistencia. Paradójicamente, eso ha favorecido al candidato Castillo para alcanzar la presidencia, pero podría ser su final si continúa cruzando la delgada línea roja, no solo de la incorrección política sino de la incorrección administrativa y constitucional. El Ministerio Público y el Poder Judicial, con sus defectos, vienen atacando la corrupción frontalmente y como nunca en la historia del Perú. Creer que la ciudadanía y las fuerzas armadas de hoy apoyarán a personajes muy ligados a grupos extremistas y terroristas es iluso. Creer que sin aliados en el Congreso se permitirá la dación de leyes populistas y reñidas con la voluntad popular es necedad. Pretender ser dictadura sin poder, es ridículo.
El Congreso, Ministerio Público, Poder Judicial y el Tribunal Constitucional tienen en sus facultades la fiscalización del Ejecutivo y la imprescindible ejecución de los pesos y contrapesos democráticos que, sin duda, será apoyado por la mayoría de la ciudadanía.