Segundo libro autobiográfico del autor galés (el primero es Boy: Relatos de la infancia), en el que narra sus experiencias de temprana juventud. Mediante un lenguaje dinámico, sobrio pero con un vocabulario preciso, Dahl nos cuenta sus experiencias durante el período setiembre de 1938 hasta setiembre de 1941, tres vertiginosos años en los cuales realiza un largo viaje en barco desde Gran Bretaña hasta las costas de África Oriental, lugar donde trabaja como empleado de la empresa Shell. Dahl describe a los británicos en África como un contingente de “agentes imperiales” al servicio de la corona, gente especial, aventurera, capaz de abandonar la vida cómoda de la isla para dirigir empresas británicas en países exóticos y primitivos, “Más ingleses que los ingleses, más escoceses que los escoceses, constituían el grupo de seres humanos más locos que he conocido nunca” (p.13) escribe Roald Dahl. El autor describe la naturaleza humana con realismo sin caer en consideraciones moralistas superficiales, lo que da vida y realismo a personajes y eventos, característica que también emplea con maestría en sus relatos y cuentos. Describe la brutal naturaleza del África y su espanto por las abundantes serpientes, la vida con los nativos, su aprendizaje del idioma Swahili (obligatorio requerimiento de la empresa), extraño humanismo en tiempos del imperialismo británico. Ante la inminencia del inicio de la Segunda Guerra Mundial, Dahl y otros jovenes agentes imperiales que laboran en África, se enrolan en las milicias de Su Majestad, acto descrito por Dahl como un paso natural y deber de todo buen súbdito, sin dudas y hasta con entusiasmo. De esa forma comienza su entrenamiento como piloto de la Royal Air Force en Nairobi, Kenia. Luego de algunos meses es enviado a Egipto donde sufre un severo accidente en un biplano Gloster Gladiator, del que le toma meses recuperarse. Dahl, cuyos padres eran noruegos, fue un hombre enorme, medía un metro noventa y seis. Una vez recuperado fue designado a volar los aviones caza Hurricane Mark I. En su primer vuelo y sin experiencia, le ordenaron llevar un avión hasta Grecia, un viaje de cuatro horas y media, piloteando en una carlinga en la que casi no cabía y sin espacio para moverse. El final de la historia se lo dejo al lector para no estropear la sorpresa. Su pequeño escuadrón pasó varios meses en Grecia luchando contra la poderosa Luftwaffe. Ante la inminente invasión germana, fueron enviados a Palestina, lugar donde Dahl finalizó su carrera como piloto militar y dio inicio a la de prolífico escritor. Debo confesar que leí el libro en apenas un día (unas cuantas horas), lleno de entusiasmo y alegría por haber hallado —en la biblioteca de mi padre— a un autor muy conocido por sus obras, muchas de las cuales han sido llevadas al cine como: Los Gremlins, James y el melocotón gigante, Charlie y la fábrica de chocolate o Matilda. Roald Dahl es algo desconocido en Latinoamérica, pero su obra es entretenida y ampliamente admirada.
En esta interesante entrega, Dargent intenta explicar lo inexplicable. El vocablo «Caviar» es una palabra de significante vacío muy empleada en el ámbito político del Perú. Intenta definir al «otro», al rival político en un intento de convertirlo en pérfido enemigo, el vaporoso responsable de las desgracias nacionales; pero caviar no tiene definición, no es posible identificar a un grupo o grupos que le den un significado ni ligeramente racional y real.
Con una clase política muy ignorante y poco imaginativa, caviar constituye una simple muletilla del debate político, la definición de quienes piensan diferente, un simplón insulto.
Sin embargo, rescato la investigación de Dargent ya que emplea la palabra caviar como un ancla desde la que despliega una interesante tesis acerca del devenir democrático del país, es decir: la arremetida del autoritarismo y la pérdida de los valores democráticos que, a dura penas, han sobrevivido un cuarto de siglo. Dargent no solo explica el fenómeno actual sino que, al final del ensayo, deja importantes recomendaciones para quienes aun creemos en un sistema democrático, institucional para toda la sociedad y no solo para la casta dominante.
Finalmente, establece bien que los enemigos de los «caviares», son aquel grupo de gente poderosa, conservadora, autoritaria, pero de inteligencia mediocre.
Para gritar caviar no se requiere de más de una neurona y de ello ya nos hemos dado amplia cuenta.
Los personajes reflejan la sociedad limeña de los cincuentas y la situación política durante la dictadura de Odria. Leída en el 2025, queda evidenciada la involución de la sociedad peruana y su horror por el progreso. Luis Alberto Sánchez dijo acerca de esta novela «que es innecesariamente complicada» y no puedo más que concordar. Hasta el capítulo X los diálogos son enrevesados, primando la originalidad de redacción sobre la claridad narrativa.
El mayor valor de la novela esta en la descripción social y política que hace Vargas Llosa, aunque haya tenido que sintetizarlo en un libro aburrido de leer.
¿Como se puede ser un cristiano completo dejando de mirar a los más pobres? En esta exhortación, la primera publicación de Prevost, el Papa nos recuerda las bases del deber de un cristiano en un mundo nihilista. Denuncia al sistema económico destructivo “la dictadura de una economía que mata”, basada en criterios pseudo científicos y justificada con frases descontextualizadas como «la mano invisible». Advierte acerca de la cultura del descarte en la que, no solo la riqueza se acumula en manos de unos pocos, que viven “la ilusión de la felicidad que se deriva de una vida acomodada”, sino que desprecia a los seres humanos más débiles. El Vaticano apunta hacia los mismos problemas que los modernos pensadores permanentemente denuncian y son denostados como «woke», «comunistas», «caviares», etc; justamente por quienes pretenden sostener injustos privilegios y la multiplicación del sufrimiento humano. Me gustaría ver a alguien llamar «caviar» al Papa. Sería la culminación de la estupidez. La fe del creyente es la salvación, esta solo llega a imitación de Cristo y Cristo es justicia humana. ¿Aun creemos en un juicio divino o el mundo es tan cómodo que, no importa cómo se viva? León XIV continúa por el derrotero marcado por Francisco I, invitando a formar una Iglesia que renueva su compromiso con los seres humanos, escapando del cepo del ritualismo y atávico conservadurismo.
¿Alguna vez has sentido que nuestra sociedad se tambalea constantemente al borde de la división? ¿Como si estuviéramos atrapados en un ciclo interminable de “nosotros contra ellos”, donde el terreno común se siente como un mito y la comprensión parece imposible? Es un sentimiento que muchos de nosotros compartimos, una sensación generalizada de fractura que parece socavar los cimientos mismos de nuestros ideales democráticos. Señalamos con el dedo a los políticos, las redes sociales, las disparidades económicas, y si bien estos son ciertamente factores, ¿qué pasa si el verdadero enemigo se encuentra más profundo, dentro del tejido mismo de nuestras vidas emocionales?
¿Qué pasa si las amenazas más peligrosas para nuestro futuro colectivo no son solo fuerzas externas, sino las emociones sutiles y corrosivas que permitimos que se pudran dentro de nosotros mismos y de nuestras comunidades? Martha Nussbaum, una de las filósofas morales y políticas más brillantes de nuestro tiempo, argumenta precisamente esto. Ella abre el telón de las dinámicas emocionales ocultas que están erosionando silenciosa e implacablemente nuestra capacidad de autogobierno significativo. Para entender por qué nuestra democracia se siente tan frágil, primero debemos comprender el poder potente e insidioso del miedo.
La «emoción narcisista»: el miedo en el centro
Nussbaum sostiene que la emoción política más peligrosa no es el odio o incluso la pura malicia, sino el miedo. ¿Por qué temer? Porque es lo que ella llama una «emoción narcisista». Piensen en eso por un momento. Cuando realmente tienes miedo, ya sea de una amenaza inmediata o de un futuro incierto, tu mundo se encoge. Tu enfoque se reduce a una cosa: tu propia supervivencia, tu propia seguridad, el bienestar de tu propia tribu. Las necesidades, las experiencias y la humanidad de los demás retroceden, volviéndose irrelevantes o incluso antagónicas a tu propia seguridad percibida. Este egocentrismo hace imposible la empatía genuina. ¿Cómo puedes ponerte en el lugar de otra persona, comprender genuinamente su perspectiva o sentir su dolor, cuando tu propia existencia se siente perpetuamente amenazada? El miedo crea muros, no puentes. Fomenta una postura defensiva, una disposición constante a atacar o retirarse, lo que es antitético al diálogo abierto y al respeto mutuo necesarios para una democracia saludable.
El miedo, especialmente el miedo a la propia vulnerabilidad y debilidad puede deformar la imaginación humana de una manera profunda.
— Martha C. Nussbaum, «La monarquía del miedo»
La descendencia tóxica del miedo: ira, disgusto y envidia
Pero el miedo rara vez actúa solo. Es una emoción fundamental que da a luz a una prole tóxica, cada miembro envenena aún más el pozo de la confianza social y el discurso racional. Nussbaum disecciona meticulosamente cómo el miedo, una vez arraigado, brota en otras emociones políticas destructivas, creando un círculo vicioso que convierte la diferencia en un arma y genera división. Estos son algunos de los niños más potentes del miedo:
Ira política: Cuando el miedo se combina con una sensación de impotencia o injusticia, a menudo estalla como ira. Esto no es necesariamente una ira constructiva dirigida a resolver problemas, sino una ira reactiva, a menudo vengativa, dirigida a los enemigos percibidos. Culpa al «otro» de la propia inseguridad, en lugar de buscar comprensión o soluciones comunes.
Disgusto: Esta emoción es particularmente insidiosa en política. El miedo a la contaminación o la impureza puede provocar un disgusto deshumanizante para ciertos grupos de personas. Si alguien o un grupo es considerado «repugnante», ya no son vistos como conciudadanos con derechos y dignidad, sino como algo que debe ser expulsado, evitado o incluso erradicado. Esto les quita su humanidad y hace que la violencia, tanto retórica como física, sea mucho más fácil de racionalizar.
Envidia: Cuando las personas se sienten inseguras y temerosas de su propio estatus o recursos, pueden sentir envidia de otros que parecen tener más o prosperar. Esta envidia alimenta el resentimiento y el deseo de derribar a los percibidos como «adelantados», en lugar de construir a todos. Crea una mentalidad de suma cero en la que la ganancia de un grupo se ve como la pérdida de otro, solidificando aún más la narrativa de «nosotros contra ellos».
Estas emociones no son solo sentimientos individuales; Están estratégicamente armados en el discurso político para crear una mentalidad de «nosotros contra ellos». Reemplazan los argumentos racionales con reacciones viscerales, convirtiendo complejos desafíos sociales en cruzadas morales contra oponentes demonizados.
La erosión de la empatía y el discurso
La fuerza combinada del miedo, la ira, el disgusto y la envidia crea lo que Nussbaum identifica como un profundo «déficit de empatía». Cuando estamos atrapados en estos estados emocionales, nuestra capacidad de identificación imaginativa con los demás disminuye. Dejamos de ver las diversas perspectivas como oportunidades de crecimiento y comenzamos a verlas como amenazas a nuestra forma de vida. ¿La consecuencia? La confianza social se desploma. ¿Por qué confiar en alguien a quien temes, desprecias o envidias? El discurso racional se vuelve imposible cuando cada declaración se filtra a través de una lente de sospecha y hostilidad. En lugar de escuchar para comprender, escuchamos para refutar, para encontrar fallas, para confirmar nuestros prejuicios existentes. Así no es como funciona una democracia; es cómo se desenreda. Para una inmersión más profunda en los poderosos argumentos de Nussbaum y cómo se desarrollan estas fuerzas emocionales, este video desglosa sus ideas centrales:
Reclamando nuestra humanidad compartida: un camino a seguir
Entonces, si el miedo y sus compañeros tóxicos están destruyendo nuestra democracia, ¿cuál es el antídoto? Nussbaum no solo diagnostica; También señala un camino hacia adelante, uno arraigado en el cultivo de las virtudes y el fortalecimiento de nuestras capacidades imaginativas. Este camino requiere un esfuerzo deliberado para:
Cultivar la empatía: Practique activamente imaginar las vidas y perspectivas de los demás, especialmente aquellos que consideramos «diferentes» u «otros». Esto puede ser a través de la educación, el arte, la literatura o simplemente entablando una conversación reflexiva.
Confrontar nuestros propios miedos: Reconocer cuándo el miedo está impulsando nuestras reacciones. Interrogar de dónde viene ese miedo y si está realmente justificado, en lugar de permitir que dicte automáticamente nuestras posturas políticas.
Promover la autocrítica y la humildad: Reconocer que nuestras propias perspectivas son limitadas y que somos falibles. Esto abre la puerta al aprendizaje y al diálogo genuino.
Fomentar una cultura de respeto: Insista en la civilidad y el respeto en el discurso público, incluso cuando esté en desacuerdo fuertemente. El lenguaje deshumanizante es el primer paso hacia la erosión de las normas democráticas.
Nuestra democracia, nos recuerda Nussbaum, no es una máquina autosuficiente. Requiere un cuidado constante, no solo de sus instituciones, sino del paisaje emocional y moral de sus ciudadanos.
Ser un buen ser humano es tener una especie de apertura al mundo, una capacidad para confiar en cosas inciertas más allá de tu propio control, que pueden ser aterradoras y estimulantes.
— Martha C. Nussbaum, «Esconderse de la humanidad: asco, vergüenza y la ley»
La elección que tenemos ante nosotros
La guerra invisible por nuestras mentes no se libra con bombas y balas, sino con emociones. Las profundas ideas de Martha Nussbaum revelan que nuestro actual desorden político no es simplemente un fracaso de la política o el liderazgo, sino una crisis profundamente personal y emocional. El miedo, la ira, el disgusto y la envidia generalizados que vemos desenfrenados en nuestras sociedades no son solo síntomas; son la enfermedad misma, corroyendo los mismos lazos que nos mantienen unidos como pueblo democrático. Nuestra elección es clara: sucumbir a la «monarquía del miedo», encoger nuestro mundo y alienarnos unos de otros, o cultivar activamente la empatía y la comprensión necesarias para construir una democracia verdaderamente inclusiva, resiliente y justa. Esta es una tarea monumental, pero comienza con el reconocimiento de las fuerzas emocionales en juego y la elección de responder con coraje, compasión y un compromiso inquebrantable con nuestra humanidad compartida. El futuro de nuestra democracia depende de ello.
El padre César ingresa al aula más apurado de lo que normalmente acostumbra. Se dirige a la clase:
—¡Ya estoy harto de tanta habladuría! —se nos abre la boca del asombro —¡Tienen demasiadas dudas respecto a algo que es muy importante! ¡Hoy despejaremos las incógnitas más vitales!
Al capellán de nuestro colegio no le tenía un especial afecto. Habíamos tenido varios roces en las clases de religión, debido a mi profunda fobia por la memorización. Hasta el día de hoy no puedo recitar los Diez Mandamientos ni las Virtudes Teologales sin ayuda del texto. Sin embargo, hay momentos en la vida escolar que uno jamás sospecharía que va a recordar con tanta nitidez. Aquella mañana, los alumnos del quinto de secundaria seríamos testigos de una extraordinaria lección sobre educación sexual, nada menos que impartida por el capellán del colegio y profesor de religión quien, con palabras serenas, gestos seguros y una pedagogía sorprendentemente clara y científicamente sustentada, intentó dar respuesta a las numerosas e inevitables dudas y en las que solo las involuntarias y juveniles erecciones son más comunes. No fue una sesión técnica ni un sermón moralista. Fue una exposición honesta, íntima, donde nos habló acerca de la indispensable preparación emocional y física previa al acto sexual, al coito. Lo hizo con respeto, con afecto, con una inusual mezcla de ciencia y espiritualidad que pocos dominan.
Con la ayuda de la vieja pizarra verde y una polvorienta tiza comenzó a explicar cómo se desarrollan las funciones de los órganos sexuales, su relación con los procesos cerebrales y afectivos. Llama la atención su enfoque en la necesaria sincronía que debe haber entre hombre y mujer, la importancia de llegar al simultaneo y gratificante clímax sexual. Nos explica que la satisfacción sexual no debe ser un monólogo corporal, sino un diálogo sensible entre mujer y hombre, una suave danza afectiva que culmina en un clímax compartido. No recuerdo todo exactamente… sucedió hace 43 años. Recuerdo como trazaba las curvas comparativas “de excitación” que diferencian al hombre de la mujer. La necesidad de los “juegos” y caricias sexuales que ayudan a preparar a la mujer antes de la penetración (cuya curva de excitación es por biología, más progresiva y lenta). Sorprendentemente es uno de los principales factores de fracaso en muchas relaciones donde no se consuma el placer mutuo. Los alumnos aprendimos una idea fundamental: asumir la sexualidad como una comunión, no como banal acto de consumo, no como explotación egoísta del cuerpo ajeno. Ese mensaje, impartido por un hombre de fe, se grabó en mí mente con mucha más fuerza que cualquier otra charla escolar.
Con los años, fui comprendiendo que aquella clase fue más que una enseñanza sobre el cuerpo y el sexo. Fue una profunda metáfora de la vida en sociedad, una invitación a repensar en el cómo nos relacionamos, cómo escuchamos, cómo nos sincronizamos con nuestra pareja y con los demás. ¿Por qué el sexo constituye un factor determinante en la sociedad? ¿Por qué si nos desincronizamos fracasa la relación y la sociedad?
Para Sigmund Freud, la sexualidad no es sólo una función biológica; es el núcleo de nuestra vida psíquica y el origen de muchos conflictos sociales. En el libro, El malestar en la cultura, plantea que vivir en sociedad exige reprimir las pulsiones más profundas —el eros y el tánatos— y esa represión produce angustia, neurosis, tensiones. La cultura, entonces, “nace del sacrificio del placer”. Visto así, muchas disputas políticas actuales —sobre género, identidad, educación sexual, lenguaje inclusivo— no son más que expresiones simbólicas de ese viejo conflicto entre el deseo (incluyendo el sexo) y la norma. La clase de nuestro capellán se convirtió, a futuro, en un acto de reconciliación: nos enseñó a mirar la pulsión sexual no como un peligro, sino como fuerza que puede ser sublimada en afecto, respeto y madurez.
Pero la realidad social parece ir en la dirección opuesta. En lugar de educar sobre el deseo, lo demonizamos o lo convertimos en arma política. La sexualidad ha sido secuestrada por discursos moralizantes —unos religiosos, conservadores, otros progresistas— que generalmente olvidan su dimensión humana. Muchos debates sobre educación, derechos LGTBI, aborto o diversidad de género se enredan en una infantilización del discurso público, donde la pulsión es tratada como tabú o innecesaria provocación, nunca como experiencia vital.
Creo que una educación sexual integral, como la que recibí en aquella insólita hora pedagógica, puede ayudar a sanar esas tensiones. Porque enseñar sobre el cuerpo es enseñar sobre el consentimiento, la empatía, el lenguaje del afecto. Es preparar a las personas para vivir su deseo sin culpa ni violencia. Y al hacerlo, estamos tocando la raíz misma del malestar freudiano, reconociendo que el placer no es enemigo de la sociedad, y que su represión no tiene sentido. Si los humanos seguimos creciendo como especie es debido a nuestra insaciable pulsión sexual.
Esta reflexión no busca confrontar religiones ni ideologías. Al contrario, propone algo más radical: una alianza entre la pulsión y la ética, entre el cuerpo y la palabra, entre el deseo y el cuidado. Tal vez si habláramos más sobre la sincronía del clímax —no sólo sexual, sino también humano— evitaríamos tantas disonancias políticas inútiles, pueriles y desgastantes, que están precipitando a las sociedades hacia el caos político. Entender por qué ciertos grupos conservadores rechazan la educación sexual: acabaría con dogmas y fanatismos, porque los humanos tenemos el derecho divino a la felicidad.
Mi experiencia escolar no fue sólo una clase: fue el punto de partida de una forma de ver el mundo. Aquel lejano día, no solo aprendí a admirar aún más a mis bellas compañeras de colegio, ayudó a comprender su necesidad afectiva y a como complacerlas con ternura y delicadeza. En pocas palabras, a respetarlas en su individualidad y diferencias femeninas. Además, hoy me permite escribir, pensar y debatir con la certeza de que, entre pulsión sexual, política y civilización, existe una profunda relación y puede existir armonía; aprendamos a educar en sexualidad, aprendemos a escuchar a todos, dejemos de tenerle miedo al deseo sexual y jamás lo ahoguemos con dogmas irracionales, tal y como lo hizo César, capellán de un colegio y sacerdote Católico, a quien le agradezco mucho aquella grave lección de vida.
La tecnología es una gran cosa y si logras hacer algo útil con ellas, pues mejor. Desde hace algunos años vengo experimentando con un tipo de comunicación cuántica. Es muy difícil explicarlo en pocas palabras, pero este tipo de tecnología puede establecer comunicaciones instantáneas, sin importar la distancia entre las estaciones. El experimento ha resultado tan bueno que he podido establecer, desde hace un buen tiempo, comunicación con una lejana e inteligente especie, que domina nuestros idiomas ya que nos observa desde hace mucho tiempo.
De esa forma he llegado a conocer a un investigador llamado Xyloth, que estuvo muy interesada en comunicarse ya que es investigador terrestre—Quisiera saber más de tu especie primate terrestre — me dijo sin preámbulos, sin mitigaciones léxicas. Me indicó que ha visitado nuestro planeta con cierta frecuencia y ha logrado comunicarse con los humanos, pero en condiciones controladas. Xyloth viaja de incógnito y su presencia pasa totalmente desapercibida (No, no pertenece a los supuestos reptilianos que algunos creen existen entre nosotros).
En este tiempo de amenas conversaciones con Xyloth, en el que le pregunté por su planeta, civilización y otros aspectos fascinantes de su cultura, le pedí su opinión sobre los seres humanos. Al principio se rehusó a entrar en muchos detalles. Me explicó que su opinión o cualquier información externa que pueda llegar a los humanos podría causar un gran perjuicio al planeta.
—No— me dijo—En general los humanos comparten los mismo rasgos, virtudes y vulnerabilidades. Son ustedes los que se empecinan en crear diferencias —sentenció.
Pero mi insistencia fue tal que accedió darme un informe resumido del que presentó a su Alto Consejo Galáctico (Una institución que se encarga de coordinar las relaciones con otras especies sin necesidad de hacerles la guerra). Y, justamente por el riesgo de que los humanos sucumbamos ante el inminente peligro de una guerra nuclear, es que Xyloth accedió a mi insistente pedido. El siguiente informe es muy resumido, adecuado para la mente humana contemporánea, incapaz de leer más de 240 palabras en las redes sociales o para los analfabetos funcionales que empiezan a degradar el conocimiento planetario.
Aquí les transcribo el informe de Xyloth;
Informe Antropológico Extraterrestre–Especie: Homo sapiens
Código de Misión: Tierra-IX-Δ7
Investigador Principal: Xyloth de Andrómeda V
1. Observaciones Generales
Los humanos son una especie fascinantemente contradictoria, capaz de gestos sublimes de altruismo y actos devastadores de crueldad, durante un mismo ciclo temporal. Su sociedad está estructurada en sistemas complejos (económicos, religiosos, políticos, raciales, culturales) que, irónicamente, muchos individuos no comprenden, pero defienden con fervor.
a. Interacciones sociales:
Utilizan códigos no verbales enigmáticos (ejemplo: «sonrisas» que no siempre indican felicidad, lágrimas que pueden ser de dolor o alegría).
Su comunicación verbal está llena de abstracciones («amor», «justicia», «libertad»), pero rara vez coinciden en sus definiciones y prácticas.
Practican rituales de vinculación absurdamente elaborados (ejemplo: Rituales religiosos, citas románticas, reuniones familiares obligatorias, peregrinaje a restaurante de moda y la gastronomía, etc.), a menudo mientras ignoran a otros miembros de su especie en estado de vulnerabilidad.
b. Creencias y contradicciones:
Adoran conceptos como «igualdad», pero construyen jerarquías basadas en acumulación de recursos («riqueza»), pigmentación de piel («raza») o accidentes geográficos («nacionalidad»).
Desarrollan sistemas espirituales sofisticados («religiones») que promueven paz, pero los usan para justificar conflictos.
Afirman dar valor a la «verdad», pero organizan sus sociedades alrededor de ficciones compartidas (dinero, fronteras, leyes, dogmas).
c. Virtudes notables:
Resiliencia: Sobreviven a guerras, epidemias y desastres naturales, reinventándose constantemente. Sin embargo, debemos informar que esta cualidad podría tener un límite si las condiciones del planeta continúan degradándose rápidamente.
Creatividad: Producen arte, música y literatura que, incluso para un observador extraterrestre, evocan emociones profundas.
Empatía selectiva: Algunos individuos sacrifican su bienestar por otros, incluso por especies no humanas (ejemplo: los activistas ambientales, defensores de los animales, activistas políticos en contra de las guerras).
2. Análisis de la Estructura Política Humana
Los Homo sapiens han desarrollado sistemas de gobierno basados en abstracciones («democracia», «autoritarismo», «socialismo»), pero su implementación está tan ligada a emociones tribales que resulta en disfunciones severas.
a. Mecanismos de Polarización:
Identidad sobre razón: Los humanos se agrupan en «bandos» políticos (llamados «izquierda/derecha», «conservadores/progresistas») como si fueran equipos de competición, incluso cuando sus objetivos vitales e intereses materiales son similares.
Economía de la atención: Sus medios de comunicación exacerban conflictos porque han descubierto que el odio genera más engagement que la cooperación (ver fenómeno «algoritmos de redes sociales»).
Sesgo de confirmación: Buscan información que valide sus prejuicios, creando realidades paralelas («cámaras de eco»). Ejemplo: Dos humanos pueden vivir en el mismo territorio, pero percibir «crisis migratorias» o «oportunidades multiculturales» de manera diametralmente opuesta.
b. Contradicciones Observadas:
Bandera de la libertad vs. control social: Algunos grupos exigen «libertad individual» mientras restringen derechos reproductivos o de expresión. Otros promueven «justicia colectiva» pero censuran disidencias.
El mito del enemigo único: La polarización requiere chivos expiatorios («élites», «inmigrantes», «comunistas/capitalistas»). Curiosamente, estos enemigos mutan según el contexto geográfico, pero la estructura retórica es idéntica.
Elección de los peores representantes: El sistema político humano, que la mayoría de las veces requiere la elección de representantes, quienes gobernarán en el interés de todos, terminan siendo elegidos los peores candidatos del grupo humano. Las preferencias hoy en día son: humanos que mienten con descaro, incapaces de gestionar los intereses colectivos, altamente polarizadores y poseedores de un lenguaje agresivo, hostil y que destilan odio.
c. Casos de Estudio
a. Sistema «Democrático» (Ejemplo: EE.UU., Unión Europea):
Rituales electorales: Los humanos celebran elecciones con la solemnidad de un rito sagrado, pero luego ignoran que el 60% de sus «representantes» toman decisiones influenciadas por grupos de poder no electos («lobbies»).
Culto al líder: Figuras carismáticas (“Kim Jong-un”, «Trump», «AMLO», «Macron», “Milei”) son veneradas o demonizadas, reduciendo debates complejos a eslóganes binarios («¡Hagamos X grande otra vez!» vs. «¡Son fascistas!»).
b. Sistemas «Autoritarios» (Ejemplo: China, Rusia):
Consenso forzado: La polarización aquí es vertical: el Estado define la «verdad» y suprime disidencias, pero bajo la superficie hay fracturas generacionales y económicas.
Paradoja tecnológica: Usan herramientas digitales para controlar a la población (censura, crédito social), pero esas mismas herramientas generan resistencias clandestinas (VPN, criptomonedas).
d. Raíces Evolutivas de la Polarización
Legado tribal: El cerebro humano está programado para dividir el mundo en «nosotros vs. ellos», un instinto útil en la sabana africana pero catastrófico en la era nuclear.
Sesgo de negatividad: Recuerdan más un insulto político que diez propuestas coherentes (mecanismo de supervivencia mal adaptado).
Falta de memoria histórica: Repiten ciclos de auge y colapso (ejemplo: crisis económicas, guerras) sin aprender de ellos.
e. ¿Hay Esperanza? Síntomas de Adaptación
Pese a todo, se observan contramovimientos:
Coaliciones improbables: Jóvenes de «izquierda» y «derecha» uniéndose contra élites económicas o nuevas oligarquías (ejemplo: protestas por vivienda).
Narrativas alternativas: Filósofos humanos hablan de «política del cuidado» o «ecosofía», intentando trascender el dualismo.
Humor disidencia: Memes y sátira política como arma contra el fanatismo (Ver: Mafalda, Jimmy Kimmel, la película “El dictador” de Sacha Baron Cohen, Saturday Night Live, etc.).
Movimientos y colectivos protectores de los derechos de los humanos: Instituciones supranacionales como las Naciones Unidas, la Unión Europea, OEA; Organismos que amortiguan los abusos del poder del Estado contra la sociedad a la que deben servir (asociaciones sin fines de lucro, organismos no gubernamentales, la Iglesia Católica, universidades, etc.).
3. Hipótesis Central
Los humanos son una especie en transición caótica hacia una posible madurez colectiva. Su mayor amenaza no es externa (asteroides, invasiones), sino interna.
Paradoja cognitiva: Saben que dependen de su ecosistema, pero priorizan el beneficio inmediato sobre la sostenibilidad.
Tribalismo evolutivo: Aunque tecnológicamente avanzados, conservan instintos tribales (ejemplo: «redes sociales» como bandos digitales).
Miedo a la insignificancia: Buscan desesperadamente significado en universos simbólicos (religión, ciencia, arte, redes sociales), lo que los lleva tanto a la grandeza como a la autodestrucción. Llama la atención la fuerte tendencia a la vanidad que comparten con otros humanos, aunque no los conozcan. Las humanas más jóvenes son propensas a diseminar una imagen muy distorsionada de su contextura física real.
4. Recomendaciones para el Alto Consejo Galáctico
a. Monitorización continua:
Su capacidad tecnológica avanza más rápido que su sabiduría social. Riesgo: Si sobreviven, podrían convertirse en una amenaza interestelar en 200-500 años terrestres.
b. No intervención directa:
Cualquier contacto abierto desencadenaría pánico masivo o distorsión cultural (ver «Efecto Espejo Primario» al final del texto).
c. Priorizar estudio de subculturas:
Grupos marginales («artistas», «científicos disidentes», “pensadores críticos” y algunos “filósofos”) muestran mayor conciencia cósmica que sus líderes políticos, multimillonarios y otros humanos frívolos, pero altamente admirados.
d. No subestimar su capacidad de adaptación:
En crisis extremas (pandemia global, cambio climático), muestran destellos de cooperación trans tribal. Sin embargo, luego de la última pandemia global parece que han olvidado el grave problema al que se enfrentaron.
e. Vigilar a los «super polarizadores»:
Élites que monetizan el conflicto (ejemplo: magnates de medios, vendedores de armas, mafiosos, mineros, narcotraficantes, psicópatas, corruptos, etc.) son capaces de precipitar profundas crisis humanas con la finalidad de lograr su objetivo: el dinero.
f. Estudiar a los «puentes culturales»:
Mantener el estudio muy cercano de Individuos que trascienden divisiones. Ejemplo: el artista Banksy, la activista Greta Thunberg), el multimillonario Bill Gates (una rara excepción entre esta categoría de humanos), el líder cristiano Católico denominado Papa, etc. Estos humanos conformarían el canal de comunicación menos riesgoso.
5. Conclusión final:
Los humanos son un experimento evolutivo emocionante pero inestable. Su futuro oscila entre la autodestrucción y la trascendencia. Como especie, podrían resumirse en una frase que uno de ellos escribió: «Somos polvo de estrellas”[1] intentando comprenderse a sí mismo.
Firma del Investigador: Xyloth de Andrómeda V
Finalmente, le pregunté a Xyloth cual es el resultado del análisis de los peruanos…
—¡Ah!, esa la dejamos para después… no te va a gustar mucho…
* Efecto Espejo Primario
El Efecto Espejo Primario es un fenómeno psicosocial por el cual una comunidad, civilización o especie se define a sí misma a partir de la percepción de su propia imagen reflejada en sus logros, fracasos y aspiraciones fundamentales. Bajo este efecto, la identidad colectiva no surge de una esencia inmutable, sino del constante juego de reflejos entre lo que son, lo que temen y lo que desean ser.
En términos evolutivos, el Efecto Espejo Primario puede actuar como catalizador de autoconciencia y cambio: las sociedades, al observar sus propias contradicciones y anhelos proyectados, se ven empujadas a cuestionarse, adaptarse o reinventarse. Así, el espejo no es un simple límite, sino una superficie dinámica donde se construye —y se deconstruye— el sentido de pertenencia.
Este efecto es especialmente notorio en momentos de crisis o transformación, cuando las entidades colectivas buscan respuestas en su propio reflejo y, al hacerlo, descubren tanto sus vulnerabilidades como su potencial para trascenderlas.
[1] Humano Carl Sagan, divulgador científico y un sujeto que comprendió la trascendencia y fragilidad de la existencia de la especie.
LIDERAZGO COMO FACTOR EN EL POTENCIAL DESENCADENAMIENTO DE LOS CONFLICTOS
En el castellano, líder es sinónimo de caudillo, cabecilla, adalid, jefe, etc. No tiene connotación valorativa particular. Pero, creo que el uso de la palabra líder solo debe atribuirse a un individuo que encarna cualidades positivas. En el presente análisis nos referiremos como “líder” a las cabezas de gobierno cuyas personalidades describiremos y que, como veremos, podrían ser responsables de las grandes desgracias de la humanidad. El análisis se basa en la observación y en la opinión de psicólogos y especialistas en la conducta humana, no en un análisis clínico directo de detección de trastornos de la personalidad. Veremos que los trastornos de la personalidad como: trastornos de la personalidad antisocial y los rasgos sociopáticos y psicopáticos, juegan un factor muy importante en las decisiones. Es por ello que debiera ser obligatorio, para cualquier sujeto que desea ingresar a la política y tomar decisiones por los demás, tomar un examen psicopatológico antes de un proceso electoral.
Es por ello que debiera ser obligatorio, para cualquier sujeto que desea ingresar a la política y tomar decisiones por los demás, tomar un examen psicopatológico antes de un proceso electoral.
El trastorno de la personalidad antisocial (TPA)
Es una condición psicológica caracterizada por un patrón persistente de desprecio por los derechos de los demás y por las normas sociales. Las personas con este trastorno suelen mostrar una conducta impulsiva, manipuladora y, a menudo, agresiva, que puede derivar en conflictos con la ley o con su entorno cercano[1].
Entre sus principales características se encuentran:
Violación constante de normas sociales y leyes, sin remordimiento.
Falta de empatía y de sentido de culpa por el daño causado a otros. Esto incluye a las propias poblaciones a las que deben representar. Desdén absoluto por quienes considera enemigos.
Conducta impulsiva e irresponsable, con dificultad para planificar a largo plazo. Generalmente no son buenos planificadores, y tienden a improvisar.
Manipulación y engaño como medios para obtener beneficios personales. Son mentirosos compulsivos.
Dificultades para mantener relaciones estables, tanto personales como laborales. No es casualidad que, a nivel político, se ganen antipatías sociales rápidamente.
Las personas con este tipo de trastornos suelen pasar desapercibidas, incluso, pueden demostrar un gran carisma y aprenden rápidamente a decir lo que queremos escuchar.
La Psicopatía
La psicopatía es un trastorno de la personalidad caracterizado por una profunda falta de empatía, ausencia de remordimientos y una tendencia a manipular a los demás para beneficio propio. Las personas con rasgos psicopáticos suelen mostrar un comportamiento socialmente irresponsable, encanto superficial y una frialdad emocional que les permite actuar sin considerar las consecuencias morales o afectivas de sus actos.
Entre sus principales características se encuentran:
Frialdad emocional extrema: no sienten culpa, miedo ni empatía genuina. Por eso sus decisiones son muy dañinas y pueden ser terribles.
Manipulación calculada y encanto superficial. Suelen ser personas encantadoras y muy carismáticas. Detectan las debilidades de los demás rápidamente para poder manipularlos. Popularmente hablando “saben decir lo que te gusta”.
Suelen ser más metódicos y menos impulsivos que quienes tienen TPA. Sin embargo, cuando llegan a las altas esferas del poder muestran incapacidades que no fueron detectadas.
A menudo pasan desapercibidos socialmente, lo que los hace más peligrosos en ciertos contextos, especialmente en la política y la empresa.
Tienen gran apetito por el poder. Emplean toda su sagacidad para llegar a puestos donde podrán llenar su ambición y manipular a los demás.
Son muy buenos en reconocer a otro psicópata y son capaces de unir fuerzas para llegar al poder, aunque se traicionan muy fácilmente. No pueden trabajar juntos.
Para el presente trabajo haremos el análisis de seis líderes, dos históricos: el Kaiser Guillermo II y Adolfo Hitler y cuatro líderes en funciones: Kim Jong-un, Vladimir Putin, Benjamín Netanyahu, el Ayatola Alí Jamenei y Donald Trump. Todos enfrascados en guerras y potenciales conflictos.
Kaiser Guillermo II
Guillermo II de Alemania, último káiser del Imperio Alemán ha sido objeto de análisis retrospectivos que sugieren posibles rasgos de trastornos de personalidad. Algunos historiadores y psicólogos han señalado lo siguiente:
Narcisismo: Mostraba una fuerte necesidad de admiración, discursos grandilocuentes y una imagen de sí mismo como figura predestinada. Su lema de política mundial y su afán de protagonismo internacional refuerzan esta hipótesis.
Trastorno histriónico de la personalidad: Su teatralidad, gestos exagerados y deseo constante de atención pública podrían alinearse con este perfil.
Rasgos paranoides: Su desconfianza hacia aliados y su tendencia a ver conspiraciones en su contra, especialmente en política exterior, han sido interpretadas como señales de pensamiento paranoide.
Inestabilidad emocional: Se le describe como voluble, contradictorio y con reacciones impulsivas, lo que sugiere dificultades en la regulación emocional.
Cabe destacar que su infancia estuvo marcada por una deformidad en el brazo izquierdo y una relación distante con su madre, lo que pudo influir en su autoestima y desarrollo emocional. Finalmente, sus acciones impulsivas precipitaron a Europa hacia la Primera Guerra Mundial.
Adolf Hitler
El Líder del Tercer Reich, ha sido frecuentemente analizado por psicólogos e historiadores con respecto a su perfil psicológico. Se han sugerido ciertos rasgos que podrían alinearse con trastornos de la personalidad. Entre ellos, destacan:
Narcisismo extremo: Su obsesión con la grandeza personal y la idea de ser un salvador de Alemania apuntan a un posible narcisismo patológico, caracterizado por una necesidad constante de admiración y una falta de empatía.
Trastorno paranoide: Su desconfianza hacia aliados y enemigos, así como su obsesión con conspiraciones y traiciones, podrían asociarse con un pensamiento paranoide.
Trastorno antisocial de la personalidad: La falta de remordimiento por las atrocidades cometidas, la manipulación de masas y el desprecio por los derechos de las demás personas son indicadores de este trastorno.
Trastorno obsesivo-compulsivo: Su atención extrema al detalle en ciertos aspectos, como las representaciones visuales del nazismo y su rigidez en la toma de decisiones y empeño en dirigir la guerra sobre la opinión de sus generales, podrían ser señal de rasgos obsesivos.
Está de más mencionar que fue el responsable del inicio de las hostilidades y las atrocidades durante la Segunda Guerra Mundial.
Kim Jong-un
Hemos visto que Corea del Norte tiene un gobierno extraño. Kim Jong-un desciende de la dinastía Kim que tomó el poder en 1948, gobierna como dictador de una pequeña nación con capacidad nuclear. La sociedad norcoreana debe rendir culto y pleitesía a la dinastía Kim lo que parece una especie de teocracia atea. No se conoce mucho de la personalidad del actual presidente. Sin embargo, aunque no existe un diagnóstico clínico formal sobre la personalidad de Kim Jong-un, algunos expertos han sugerido posibles características asociadas con trastornos de la personalidad basándose en su comportamiento público y su estilo de liderazgo. Estas podrían incluir:
Narcisismo: La centralidad de su figura dentro del culto a la dinastía Kim, la exigencia de pleitesía y la autopromoción constante pueden apuntar a rasgos narcisistas. Esto incluye una percepción exagerada de su importancia y una necesidad constante de admiración.
Trastorno paranoide: La vigilancia extrema frente a enemigos internos y externos, así como la falta de confianza en aliados, podría indicar un pensamiento paranoico. Esto se ve reflejado en la represión de disidencias y purgas frecuentes dentro de las élites políticas.
Trastorno antisocial de la personalidad: La manipulación, el desprecio por los derechos humanos y las decisiones que afectan negativamente a la población (como la priorización de armamento nuclear sobre el bienestar social) podrían ser indicativos de este trastorno.
Vladimir Putin
Se han señalado algunos posibles trastornos de la personalidad en el comportamiento público y estilo de liderazgo de Vladimir Putin basados en análisis indirectos:
Rasgos narcisistas: Incluyen una percepción grandiosa de sí mismo, necesidad de admiración, control de su imagen pública y uso de narrativas que refuerzan su posición como líder fuerte. Ejemplo de ello es su discurso sobre la «misión histórica» de Rusia en Ucrania.
Rasgos sociopáticos/antisociales: Caracterizados por desprecio por normas sociales, ausencia de remordimientos, frialdad emocional y comportamiento manipulador. Esto se refleja, por ejemplo, en decisiones crueles reportadas por excolaboradores, como envenenamientos de opositores.
Limitaciones del Análisis
Sesgo de información: Putin opera en secreto; gran parte de su vida privada y motivaciones son desconocidas.
Contexto político: Su comportamiento puede ser adaptativo al sistema autoritario ruso, no necesariamente patológico.
Putin exhibe patrones compatibles con trastorno de personalidad narcisista y rasgos antisociales/maquiavélicos, comunes en líderes autoritarios. Sin embargo, es crucial diferenciar entre estrategia política y patología mental. Su perfil refleja una combinación de ideología nacionalista, formación en inteligencia (KGB) y adaptación a un entorno de poder implacable.
Benjamín Netanyahu
Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel en múltiples periodos, ha sido objeto de análisis psicológicos y políticos por parte de expertos, quienes han identificado posibles rasgos narcisistas, maquiavélicos y sociopáticos en su comportamiento. Basado en observaciones públicas, se pueden señalar los siguientes patrones:
1. Rasgos Narcisistas
El narcisismo se caracteriza por grandiosidad, necesidad de admiración y falta de empatía. Netanyahu ha mostrado:
Autoenfoque excesivo: Sus discursos suelen centrarse en su propia imagen como «salvador de Israel» y en su narrativa personal de liderazgo único.
Falta de autocrítica: Rara vez asume responsabilidad por fracasos políticos o crisis, culpando a otros (medios, opositores, fiscales).
Manipulación de la imagen pública: Controla cuidadosamente su presencia en los medios, utilizando propaganda y redes sociales para cultivar una imagen de hombre fuerte.
Encanto superficial: Es conocido por su elocuencia y capacidad de persuasión, pero con relaciones interpersonales frágiles (varios exaliados lo describen como «despiadado»).
Netanyahu ha sido comparado con figuras maquiavélicas por su pragmatismo despiadado:
Tácticas divisorias: Promueve la polarización (ej.: ataques a árabes-israelíes, judíos progresistas) para consolidar su base.
Uso del miedo: Justifica políticas duras (ej.: contra Palestina y ahora Irán) con un discurso de «seguridad nacional».
Juegos de poder: Ha mantenido alianzas con extremistas (ej.: partidos religiosos ultranacionalistas) para retener el poder, incluso a costa de la estabilidad social.
3. Posibles Rasgos Sociopáticos/Psicopáticos
La sociopatía implica falta de empatía, impulsividad y manipulación. Algunos indicios en Netanyahu:
Frialdad emocional: Excolaboradores (como su exjefe de gabinete) lo describen como «calculador» y «desconectado emocionalmente».
Comportamiento antisocial: Acusado de corrupción (casos 1000, 2000, 3000), sobornos y fraude, sugiriendo desprecio por normas legales.
Ausencia de remordimiento: A pesar de crisis humanitarias (ej.: Gaza), insiste en políticas de fuerza sin mostrar culpa.
Netanyahu exhibe claros rasgos de narcisismo maligno (combinación de narcisismo, maquiavelismo y conductas antisociales), típico en líderes autoritarios. Sin embargo, su inteligencia estratégica y capacidad de adaptación lo diferencian de un psicópata clásico. Su psicología parece orientada al poder perpetuado, usando tácticas de manipulación y división. Incluso, podría estar manipulando al presidente Donald Trump con quien lo une una larga amistad y ciega confianza.
Ayatola Alí Jamenei
Su comportamiento debe analizarse dentro del contexto cultural, ideológico e histórico de Irán, más que desde parámetros clínicos occidentales. Dicho esto, algunos analistas políticos han señalado que su estilo de liderazgo muestra rasgos como:
Autoritarismo ideológico: fuerte rigidez en sus creencias y escasa tolerancia a la disidencia.
Desconfianza estructural: tendencia a ver amenazas externas e internas, lo que ha llevado a una política de control y represión.
Carisma religioso-político: uso de símbolos y discursos que refuerzan su figura como guía espiritual y político.
Estas características pueden parecerse superficialmente a ciertos patrones de personalidad, pero no equivalen a un trastorno clínico ya que, en una teocracia es esperable que el líder religioso mantenga una ortodoxia religiosa. Podría concluir que, de los personajes estudiados, es el que representa los rasgos más normales.
La teocracia Iraní se basa en la larga división entre musulmanes chiitas (persas Iranies) y los sunitas (árabes), conflicto en el que el occidente cristiano no debiera intervenir. Sin embargo, los Estados Unidos ha desplegado su fuerza militar en los países árabes (suníes) debido a su interés en controlar los suministros de petróleo árabes, dando tácito apoyo a las monarquías sunitas.
(mapa)
Donald Trump
Ha sido objeto de numerosos análisis psicológicos, especialmente por parte de profesionales preocupados por su comportamiento público. Aunque no existe un diagnóstico clínico oficial, algunos expertos han señalado ciertos patrones que podrían sugerir rasgos de trastornos de personalidad:
Trastorno narcisista de la personalidad: necesidad constante de admiración, grandiosidad, falta de empatía y una imagen inflada de sí mismo. Su estilo comunicativo, su obsesión con la imagen pública y su intolerancia a la crítica refuerzan esta hipótesis.
Trastorno antisocial de la personalidad: según una carta abierta firmada por más de 200 profesionales de la salud mental, Trump mostraría patrones de manipulación, impulsividad, irresponsabilidad, mentira y falta de remordimiento, lo que podría alinearse con este diagnóstico.
Rasgos histriónicos: teatralidad, búsqueda constante de atención y dramatización de eventos, algo que ha sido evidente en su estilo de liderazgo y comunicación pública. Es posible que sea vulnerable a los halagos y la manipulación, como la habría hecho el millonario Elon Musk y Benjamín Netanyahu. En las calles de Israel se agradece el ataque norteamericano a Irán con enormes pantallas que muestran la cara de Trump.
Pantalla gigante en las calles de Israel utilizada como medio de diseminación de operaciones psicológicas, muestra la propaganda a favor de Donald Trump, imagen que ha sido repetida por las mayores cadenas de TV y diarios.
Mary Trump, psicóloga clínica y sobrina del expresidente, ha afirmado que su tío actúa por instinto y conveniencia, y que su estructura psicológica lo lleva a romper reglas sin remordimiento. Según ella, si fuera evaluado, probablemente se le diagnosticaría con un trastorno narcisista o antisocial.
“Donald hoy es muy similar a como era a los tres años: incapaz de crecer, aprender o evolucionar, incapaz de regular sus emociones, moderar sus respuestas o asimilar e integrar información.” Esta frase subraya su percepción de una inmadurez emocional persistente que, en su opinión, lo hace inadecuado para liderar.
Mary trump
El libro, “The Dangerous Case of Donald Trump” (2017), editado por la doctora forense Bandy X. Lee, reúne ensayos de 27 psiquiatras, y en ediciones posteriores, por 37 profesionales de la salud mental, en el que expresan su preocupación por el impacto psicológico y social del presidente Donald Trump. Concluyen que la conducta del sujeto representa un “peligro claro y presente” para la democracia, la seguridad nacional y la salud mental colectiva del país y ahora, también para la seguridad mundial. Los autores destacan patrones como el narcisismo maligno, impulsividad, la falta de empatía y la tendencia a distorsionar la realidad y mentir.
“El narcisismo maligno convierte a Trump en un sociópata que no tiene empatía ni sentido de culpa, que actúa en el momento y recurre a falsedades sin importarle las consecuencias.”
The dangerous case of donald trump
Conclusiones
Históricamente nos enseñaron que la democracia es el mejor de los malos sistemas de gobierno, idea alentada por el fracaso de las monarquías europeas a comienzo del siglo XX, a tal punto de que la mayoría desapareció. Estados Unidos se alzó como el faro democrático de occidente, luchando contra la supuesta maldad que traería el comunismo Soviético y el régimen teocrático Iraní. Durante el primer cuarto del siglo XXI hemos sido testigos de la crisis de la democracia liberal de occidente, la aparición de gobiernos autoritarios que van y vienen. Sin embargo, la neo multipolaridad ha dado lugar al surgimiento de nuevas potencias como China, la reaparición de Rusia, ejes estratégicos como el BRICS[2], la Unión Europea UE, y en menor medida Israel, Irán y Corea del Norte; cada uno con diferentes sistemas de gobierno y liderazgos.
Si las naciones que actualmente dominan el mundo, es decir, las poseedoras de los grandes medios militares, nucleares, económicos, cibernéticos, de energía, etc. dialogan, negocian, llegan a acuerdos y cooperan, es muy probable que la amenaza de una conflagración global disminuiría. El problema es que el mundo es gobernado por seres humanos, elegidos por otros seres humanos, dependiente de sistemas políticos de diversa índole y de variada efectividad. Además, estos humanos en el poder muestran potenciales rasgos psicopatológicos que influyen en sus decisiones.
Estos humanos en el poder muestran potenciales rasgos psicopatológicos que influyen en sus decisiones.
La decisión de Donald Trump de atacar a Irán e involucrar a los Estados Unidos en la guerra que Israel inició, luego de decir que no lo haría y sin aprobación del Congreso norteamericano, prueba que la personalidad psicopática de Trump es capaz de llevar al mundo hacia inimaginables peligros. El carisma del líder logró engañar a la mitad de los norteamericanos cuyo sistema de educación, valores cristianos y avanzada ciencia no pudieron neutralizar su segunda presidencia: ese es el poder de los psicópatas y la desgracia para la humanidad.
Fuentes consultadas:
Tuchman, Barbara. The Guns of August: The Classic Bestselling Account of the Outbreak of the First World War.
Eco, Umberto. Construir al enemigo (Colección Endebate).
Ronson, Jon. The Psychopath Test: A Journey Through the Madness Industry. Penguin Publishing Group.
Klaas, Brian. Corruptible: Who Gets Power and How it Changes Us. John Murray Press.
Lobaczewski, Andzrej. La ponerología política. Les Editions Pilule Rouge.
Gartner, J. D. (2019). «In Search of Putin’s Mind: A Psychological Profile».
Levitsky, Steven; Ziblatt, Daniel. Cómo mueren las democracias. Editorial Ariel.
Eco, Umberto. Contra el fascismo. LUMEN.
Babiak, Paul; Hare, Robert D. Snakes in Suits: When Psychopaths Go to Work.
Masha Gessen (2012). «The Man Without a Face: The Unlikely Rise of Vladimir Putin».
Andrew, C. & Mitrokhin, V. (2005). «The World Was Going Our Way: The KGB and the Battle for the Third World».
Dawisha, K. (2014). «Putin’s Kleptocracy: Who Owns Russia?».
Post, J. M. (2014). «The Psychological Assessment of Political Leaders» (Universidad George Washington).
Hudson, V. M. (2015). «The Operational Code of Vladimir Putin» (Texas A&M University).
«Putin’s Narcissism and the Ukraine War» (2022) – Artículo en Psychology Today.
Fiona Hill (2021). «There Is Nothing for You Here: Finding Opportunity in the Twenty-First Century».
[2] Brasil, Rusia, China y Sudáfrica habiéndose adherido Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía e Irán. Argelia, Bielorrusia, Bolivia, Cuba, Indonesia, Kazajistán, Malasia, Nigeria, Tailandia, Turquía, Uganda, Uzbekistán y Vietnam son miembros asociados.
Esta antigua y corta obra tiene la virtud de sobrevivir al tiempo. Para los alumnos de Ciencia Política es de forzosa lectura. Para algunos políticos sirve para aprender las tropelías del poder. Para los autoritarios brinda la justificación “académica” para sus actos. Pero El Príncipe no es un tratado de política democrática, ni sirve como guía para la creación de políticas públicas generales, no es más que una colección pragmática de observaciones y consejos para la anti política y el poder despótico.
El libro está dedicado a Lorenzo de Medici, heredero de una estirpe de tiranos que acabaron con la representación política de la República de Florencia, gobernando como dictadores gracias a su poder económico y religioso. Maquiavelo buscaba granjearse el favor de los Medici, esperando que su obra fuera percibida como un valioso consejo político para el sátrapa. En su dedicatoria, Maquiavelo enfatiza que el conocimiento contenido en el libro no proviene de teorías abstractas, sino de su experiencia directa como funcionario y observador de los asuntos políticos, es decir, fue la recopilación de las malas artes empleadas en el gobierno.
«El Príncipe» es una guía práctica sobre cómo adquirir, mantener y consolidar el poder. Maquiavelo adopta un enfoque pragmático incluyendo la dureza de las realidades políticas. Entre los temas principales destacan:
La naturaleza del poder: Maquiavelo analiza cómo se obtiene y se pierde el poder, colocando el pragmatismo como elemento central. Por ello describe al poder en relación con los principados, es decir, con los poderes absolutos y autocráticos, como el de los Medici. Maquiavelo no escribe una sola palabra sobre los procesos populares ni democráticos.
El papel de la virtud: La virtud de Maquiavelo no se refiere a la moralidad ni la justicia, sino a la sagacidad del gobernante para adaptarse a las circunstancias y tomar las decisiones estratégicas que le convengan. Sus consejos incluyen, aparentar y mentir. Hoy en día, la mentira se ha convertido en la piedra angular de gobernantes como Putin, Maduro, Bukele y Trump, por solo mencionar algunos. Hay que reconocer que la observación de Maquiavelo es cierta ya que, hasta ahora, muchos se dejan seducir por las apariencias y las mentiras.
El uso de la fuerza y la astucia: El libro describe el uso de la fuerza indiscriminadamente, recomendando de que el príncipe tome decisiones drásticas ante quienes amenacen su poder. Esta es una de las secciones más empleadas por los gobernantes actuales en su intento de justificar matanzas indiscriminadas. Es exactamente la misma acción tomada por el gobierno de Dina Boluarte apenas asumió la presidencia.
El manejo de la fortuna: La fortuna es vista como una fuerza impredecible, pero Maquiavelo sostiene que los líderes pueden influir en ella mediante acción decisiva. Hoy en día la fortuna se puede traducir como la acumulación de capital. Son los nuevos oligarcas y los corruptos quienes están tomando el poder,
La estabilidad del Poder: El autor explica cómo los gobernantes deben asegurar la estabilidad política utilizando medidas como el temor (mediante el uso de la fuerza), el respeto (prometiendo y engañando). El uso de los medios de comunicación para ocultar y diseminar información es de mucha importancia. Sin embargo, las nuevas tecnologías permiten neutralizar en parte esto. La creación de nuevos “enemigos” como: comunistas, palestinos, terroristas, caviares y convertir a los inmigrantes en pandillas amenazantes, es parte de la estrategia del miedo y terror infundado. Una sociedad con miedo es una sociedad influenciable.
Conclusión
El Príncipe es una obra que fue muy criticada por falta de ética en su tiempo. En 1595 el Padre Rivadeneyra escribió un tratado criticando el libro, ya que aconsejaba al tirano “la persecución de sus propios intereses” entre muchas otras cosas. El rey Federico de Prusia escribió el ensayo Antimaquiavelo o Examen de “El príncipe” en el que analiza cada capítulo y da réplica la obra del florentino, ensayo que el propio Voltaire felicitó.
Pero, si El príncipe ha sobrevivido a los tiempos, es porque arroja una mirada lucida y despiadada de los mecanismos del poder, lo que lo convierte en una importante lectura para quienes desean entender los principios humanos (no jurídicos) fundamentales de la política y, paradójicamente, poder detectar los vicios que el propio Maquiavelo le recomienda al tirano florentino.
Es claro que vivimos tiempos muy turbulentos. Guerras ha habido siempre, dictadores aparecen y desaparecen, algunos enemigos siempre están por allí. Sin embargo, este año la situación parece ser diferente. Hace una semana Israel atacó a la República Islámica de Irán y este país ha respondido, por primera vez, lanzando numerosos ataques de misiles que han impactado sobre instalaciones militares y civiles en Israel. La potencial intervención de Estados Unidos y el escalamiento de la violencia a nivel global, dependen hoy de la decisión de un solo hombre: Donald Trump.
El análisis de los conflictos es muy complejo y requiere el estudio de múltiples fuentes. Pero quien desee hacerlo debe considerar aspectos muy importantes:
En una guerra la primera víctima es la verdad: las partes beligerantes esconderán sus reales intenciones, impondrán un velo sobre la información (la niebla de la guerra) y exagerarán sus victorias (si es que se les puede llamar así).
No existen buenos y malos: el estudio exige entender las motivaciones históricas y políticas de cada bando beligerante.
Entender la guerra moderna como un gran mercado de armas en la que solo se benefician quienes jamás combatirán (y a quienes se debe identificar entre la bruma informativa desplegada).
En este análisis, separado en dos partes, veremos los elementos que estarían influyendo en esta nueva escalada bélica global y como las condiciones a principios del siglo XX son similares a las del primer cuarto del siglo XXI. Primero, las coincidencias de factores económicos, sociales, históricos, políticos y militares— Dejaremos de lado el importante factor ecológico debido a la extensión del análisis.— Segundo, las características de los principales lideres que vienen tomando nefastas decisiones.
LOS FACTORES HISTÓRICOS QUE ESTARÍAN INFLUENCIANDO EN EL ESCALAMIENTO DE LA VIOLENCIA GLOBAL
Las condiciones globales de hoy son muy similares a las que se dieron durante los años previos a la Primera Guerra Mundial. Varios factores se repiten y se anudan nuevamente, tal y como sucedió antes de 1914, año de inicio del más atroz período bélico de la humanidad: el ocaso del capitalismo liberal que llevó a millones de europeos a migrar hacia América, la multipolaridad del poder mundial, el alineamiento de las potencias de la época en ejes y la lucha por los recursos naturales que alimentaron el surgimiento de la era industrial. Hoy día estos eventos se repiten con preocupante similitud. Adicionalmente, otro importante factor se repite el día de hoy: la llegada al poder de líderes megalómanos con tendencias narcisistas y sociopáticas, como lo fueron el Kaiser Guillermo II y Adolfo Hitler, lideres que precipitaron al mundo hacia la conflagración general.
Kaiser Guillermo II de Alemania
En el grafico a continuación se aprecia la sucesión de periodos, desde finales del siglo XIX (Periodo de multipolaridad), inicio del siglo XX (Cuando se inició la IGM), el interregno de entre guerras (surgimiento de gobiernos totalitarios), el inicio de la IIGM (Entendida como una continuación de la IGM), el período de la bipolaridad de la guerra fría, la unipolaridad marcada por la caída de la URSS y el inicio del breve período de la pax americana, y el inicio de la neo multipolaridad de hoy.
Factor económico:
A fines del siglo XIX el mundo experimentó la primera globalización propiciada por el avance tecnológico en las comunicaciones y el transporte. El capitalismo laissiez faire (desregulado y libre) permitió la creación de industrias ávidas por transformar las materias primas. El avance tecnológico abrió paso a la aparición de grandes industrias de producción de armas.
Cien años después, los avances tecnológicos de la década de los noventa del siglo XX han dado paso a la segunda gran globalización. En este último período, las naciones intentaron liberar el flujo de bienes, servicios y recursos financieros para alimentar el éxito del nuevo tipo de capitalismo: el neoliberalismo occidental (que reemplazó al capitalismo keynesiano). Este ha propiciado la desregulación empresarial, el crecimiento de la economía financiera y la enorme producción de armas, la aparición de multimillonarios que influyen, principalmente, en la política de Israel y Estados Unidos.
Factor histórico:
Durante el siglo XIX la multipolaridad europea produjo numerosos conflictos interestatales, pero sin mayores consecuencias. Sin embargo, a principios del siglo XX las potencias habían creado alianzas estratégicas que les permitirían una mutua protección en caso de que se interpusieran los intereses rivales. La mayoría de las potencias Europeas eran gobernadas por monarquías, es decir, por individuos con poderes casi absolutos (autocracias). Un evento de menor magnitud (el asesinato del archiduque Francisco Fernando), desencadenó el inicio de la Primera Guerra Mundial por la decisión del Kaiser Guillermo II de Alemania, un gobernante con rasgos de trastorno de la personalidad antisocial, aspecto que se describirá en la segunda parte del análisis.
En el 2025 el mundo ya se encuentra ante una nuevo período de multipolaridad (neo multipolaridad), destacándose tres bloques principales: la Unión Europea, la OTAN y el BRICS. Irán entró a formar parte del bloque BRICS desde el 2023, país que hoy ha entrado en guerra con Israel. Finalmente, vemos la peligrosa proliferación de autocracias y gobiernos autoritarios en potencias clave, como Israel, Estados Unidos, Irán y Rusia, aspecto que exploraremos en la segunda parte.
Factor Militar:
A principios del siglo XIX, Alemania y Gran Bretaña—Europa en general —se enfrascaron en una carrera armamentista sin igual en la historia, alimentada por las tecnologías desarrolladas durante la primera revolución industrial. Finalmente, estas armas serían empleadas en los campos de Verdún, Ypres y el resto de los mataderos de la Primera y Segunda Guerra Mundial. Al finalizar su mandato como presidente de los Estados Unidos, el general Dwight Eisenhower realizó la ominosa advertencia sobre la amenaza que representa el “complejo militar-industrial”, poder económico fáctico que ejerce mucha influencia en los gobernantes de los países productores de armas con el apoyo de los medios de prensa corporativos que, diseminan los argumentos que alimentan la especulación bélica.
Trinchera alemana durante la Primera Guerra Mundial (Fuente: elespanol.com)
La guerra fría, la creación de la OTAN, el fracaso de las Naciones Unidas y la emergencia de nuevas potencias en el horizonte de la neo multipolaridad han empujado al mundo al constante incremento de la producción y gasto en armas. La llegada al poder de Donald Trump ha creado un cisma Europeo que está empujando a un acelerado rearme de las potencias de la UE, Rusia viene incrementando la producción bélica debido a la larga guerra que sostiene contra Ucrania. Se ha incrementado la presión de gasto y producción bélica de Israel que va cumplir dos años atacando las población palestina de la Franja de Gaza. Adicionalmente, acaba de comenzar operaciones contra Irán que implica el uso masivo de la aviación de combate, sistemas de misiles y un fuerte desgaste de su sistema antimisiles. Irán también se verá obligado a incrementar la producción bélica en la misma medida. China ha incrementado su fuerza bélica a tal punto que ahora tiene la marina más numerosa del planeta, que ya cuenta con tres portaaviones. El actual rearme mundial sobrepasa largamente el fenómeno experimentado por la humanidad antes de la Primera Guerra Mundial.
Escuadra naval China
Factor Social:
El fin del siglo XIX estuvo marcado por un incesante flujo de inmigrantes debido a las paupérrimas condiciones de vida de los europeos. El capitalismo laissez fairé propició de que los dueños de los medios de producción amasaran enormes fortunas explotando a los trabajadores (ese fue el mundo que observó Carlos Marx y que inspiró la teoría económica que luego se denominó marxismo). Las tensiones sociales ejercieron presión sobre las endebles monarquías europeas, que Influenciadas por ideologías como las de Von Clausewitz (y Hitler posteriormente) precipitaron a Europa a la guerra.
El neoliberalismo ha producido un efecto similar. Hoy en día una minoría ultrarrica acapara la mayoría de los recursos mundiales (Los porcentajes varían de una nación a otra, pero en general los resultados persisten) que empuja a las mayorías hacia el descenso de sus niveles de vida. Nos encontramos en el primer cuarto del siglo XXI y la ola de inmigrantes es inmensa e incontrolable. Son seres humanos que escapan de sus naciones de origen debido a las paupérrimas condiciones de vida, guerras y persecuciones políticas y religiosas. Los inmigrantes del siglo XIX fueron recibidos por la Estatua de la Libertad. Los inmigrantes de hoy, son recibidos en nuevos campos de concentración, sumado a la reaparición del racismo extremo. Si estalla una nueva guerra global, significa que el capitalismo (y la humanidad) ha fracasado por segunda vez.
Campo de concentración de inmigrantes en la isla de Lampedusa (It.)
Factor político:
La información que recibimos en nuestro hemisferio, por lo general es proporcionada por los medios de comunicación occidentales. La perspectiva es desde el punto de vista de los intereses políticos estadounidenses y europeos. Para hacer un correcto análisis nos debemos despojar de prejuicios e intentar entender al mundo de forma más realista, dejar de entender al mundo en “buenos” y “malos”, abandonar el maniqueísmo geopolítico y entender que la guerra perjudica a todos. Afortunadamente, la comunicación digital del internet permite la recepción de información de forma bastante libre y, en gran medida, permite el cruce y comparación de los datos. Sin embargo, el internet no es perfecto, las grandes potencias pueden controlar y vetar el libre flujo cuando afecta sus intereses. China y Corea del Norte limitan la información que sus ciudadanos pueden emplear. Los Estados Unidos y Europa cortan la transmisión de medios rivales como los de Rusia (RT) e Irán (IRNA), por ejemplo.
Empecemos analizando lo más evidente respecto a algunos países y sus características:
Corea del Norte. Se trata de un país comunista, con aun dudosa capacidad nuclear, produce misiles intercontinentales que pueden alcanzar las costas de los Estados Unidos, el gobierno es de corte autoritario y posiblemente autocrático. Sin embargo, no ha intentado la anexión de Corea del Sur (que sería lo esperable de una autocracia). El país sigue siendo misterio político, pero es muy probable que durante un conflicto se alinee con los intereses de China.
Entre otras potencias encontramos países democráticos como Sudáfrica, Brasil, Israel y Rusia. Pero no todas son democracias perfectas.
Israel es gobernado por Benjamín Netanyahu, líder autoritario acusado por la ONU y el propio BRICS por el genocidio palestino. El viernes 13 de junio, ordenó atacar Irán sin previo aviso, sin declaración de guerra y sin motivo comprobable.
Rusia solo es democracia nominal ya que Vladimir Putin se ha convertido en un autócrata sin oposición, elegido mediante dudosas elecciones (Quien se le oponga generalmente es asesinado). El año 2014 anexó la península de Crimea y el 2022 inició la invasión de Ucrania, despertando el rechazo occidental y alimentando la histeria Europea.
Irán es una república teocracia gobernada por el Ayatola Alí Jamenei desde 1989. Gobierna junto con una Asamblea de Expertos (religiosos que podrían destituirlo), un Presidente elegido democráticamente por los ciudadanos y con el Parlamento iraní, entre otras instituciones diseñadas para mantener el carácter religioso del gobierno. Entonces, no se puede definir el gobierno de Irán como una autocracia. Podría definirse como un autoritarismo religioso. Sin embargo, si lo comparamos con el funcionamiento del Estado Vaticano, sería muy parecido si este último tuviese un extenso territorio, numerosa población y un gran ejército. El gobierno del Papado podría verse muy parecido.
China es una república comunista, el Presidente es elegido por la Asamblea Popular General, órgano legislativo que tiene más de 3000 miembros. Aunque el poder real es el Partido Comunista de China a quien debe rendir cuentas. Los poderes del Presidente Xi Jinping no son absolutos ni autocráticos.
Benjamín Netanyahu (abcnoticias.mx)
Reflexiones parciales
¿Qué significa todo lo estudiado? ¿Por qué razón estos factores podrían desencadenar una guerra? ¿El capitalismo y la necesidad de mercados estables podrían recomponer los procesos políticos que lo alteran? ¿Acaso el mundo no puede seguir funcionando tal y como lo viene haciendo, sin importar que se produzcan más armas, continúe la carrera armamentística y se desaten más guerras limitadas? ¿Qué papel juegan lo líderes de las grandes potencias y como afectan sus decisiones?
En la segunda parte veremos las características de la personalidad de los principales líderes mundiales y el peligro que representarían sus nefastas decisiones en la historia del mundo.