Hoy finaliza el 2023. Año para no recordar, mucho. Hemos transitado por el optimismo político que terminó en depresión, económica y social. El año finaliza con un crédito de 59 muertes impagas y con una hiperinflación de enemigos artificiales y mutantes: terroristas, balas dum dum, ponchos rojos, comunistas, caviares y hasta Gorritis. Debemos ser un estupendo botín para que tantos enemigos pretendan tomar el control del país, sin embargo, son más los peruanos que desean irse que los que desean quedarse… ironías de la vida.
Inauguramos una alcaldía limeña que ha brillado por su ausente ineficacia. Una presidenta con la que nadie quiere reunirse (hasta el Papa se fotografió sin entusiasmo), ministros sin sangre en la cara y preparativos inconclusos para un «Niño» largamente anunciado.
El año ha sido marcado por un país dividido, en el que incluso, la muerte de un cantante es causa de polémica y lo divide aun más.
¿Se hizo algo bien? Posiblemente si. Aun estamos aquí, ¿no?
En el Perú de hoy solo la fantasía es optimista… hasta que colisiona con la realidad.
Feliz año nuevo… con optimismo.