MY SECRET FALKLANDS WAR

Edwards, Sidney. My Secret Falklands War. Sussex, England. Book Guild Publishing. 2014.

ISBN 978 1 909716 27 8

Coronel de la Royal Air Force, Sidney Edwards describe su participación durante la Guerra de las Malvinas o Falklands War en el año 1982. En el libro Edwards describe el activo apoyo chileno a las operaciones británicas de guerra, específicamente, facilitando el empleo de una remota pista de aterrizaje en un archipiélago denominado San Félix, el uso de radares y posiciones estratégicas en suelo chileno y cooperación en operaciones de inteligencia; todo ello a cambio de varias prebendas y la reparación y entrega de un mayor número de aviones Hawker Hunter para la FACH, y para que los militares chilenos puedan reforzar su imaginario escenario de dos frentes entre Argentina y Perú.

Describe la cobertura del radar chileno de Punta Arenas, el que era capaz de detectar los movimientos aéreos militares argentinos en Ushuaia, Río Gallegos, Río Grande y Comodoro Rivadavia; la coordinación y envío de un equipo de la SAS hacia Santiago para asegurar comunicaciones satelitales (SATCOM); capacidad que ayudó a prevenir mayor cantidad de pérdidas por las acciones enemigas evitando la derrota británica. Esto es una revelación crucial en la historia de aquel conflicto.

Una de las revelaciones más interesantes es la descripción de las instalaciones militares chilenas en la isla San Félix, dejemos que el propio Edwards lo narre:

“El general Rodríguez[1] y yo nos reunimos nuevamente con el comandante de la base para poder completar la última parte de mi inspección a las instalaciones de San Felix. Mientras nos subíamos al vehículo el general Rodríguez me recordó el comentario que hice mientras volábamos hacia la isla, de que esta se parecía a una locación de una película de James Bond. Me dijo que ahora me daría cuenta de que real habría sido mi comentario. Nos dirigimos hacia el otro lado de la isla, muy lejos de la pista de aterrizaje, hacia un afloramiento de rocas. Mientras nos acercábamos pude ver un espacio entre las rocas, en la cual había una apertura hacia una cueva. Dejamos el vehículo y caminamos a través de la apertura hacia la entrada a la cueva, de inmediato ingresamos a una enorme caverna y pudimos observar hacia abajo una bahía subterránea al más puro estilo James Bond”.

“Había un canal de agua profunda que venía del mar abierto que llevaba hacia muelles y amarraderos para varios buques de superficie o submarinos. Esta bahía estaba provista del usual equipamiento de una base naval incluidos puntos de recarga de combustible, almacenes, talleres, grúas, edificios varios y luces. Nada era visible desde el aire y el espesor de la roca en el techo daba excelente protección de un ataque aéreo. Le dije al general Rodríguez y al comandante de la base[2] lo impresionado que estaba con estas instalaciones y diciéndole en broma al general Rodríguez de que él debe ser un gran fanático de james Bond. A continuación, en la discusión más seria mis anfitriones pensaron que, dependiendo de lo conversado con sus superiores, nosotros encontraríamos muy útil este activo” (cap.7).

Según el relato de Edwards, San Félix se convirtió en base de operaciones de los aviones Nimrod ELINT (inteligencia electrónica), un misterio para la inteligencia peruana de aquella época. Las operaciones eran apoyadas por un C-130 de la RAF pintado con las marcas y colores de la FACH para despistar los esfuerzos de inteligencia. Los Nimrod recargaban combustible en la base de Concepción durante las noches. Mediante vuelos a gran altura sobre los Andes y el Atlántico sur, recolectaron valiosa información electrónica de las operaciones argentinas. Narra que, durante el retorno de una misión, el Nimrod estuvo a punto de ser derribado por las propias fuerzas chilenas; incidente que habría producido la pérdida del avión espía, el fin de las operaciones clandestinas británicas en Chile y probablemente la derrota de sus fuerzas. Edwards también reconoce que la inteligencia chilena, en manos del gobierno dictatorial de Augusto Pinochet, amenazó a periodistas que investigaban las operaciones clandestinas Británicas:

Al parecer, después de mi comentario a Patricio, dos hombres muy corpulentos y feos vestidos de civil habían visitado a este reportero en su habitación de hotel. Le mostraron que estaban armados y hablaron con mucha atención. Le explicaron que, si no abandonaba la zona de inmediato, no podían garantizar su seguridad. También le dijeron que, si alguna vez hablaba de su visita o de la conversación, se arrepentiría porque tenían formas de encontrarlo en cualquier lugar de Chile o en cualquier otro lugar” (cap. 8).

Además de las coordinaciones con las autoridades chilenas, Edwards afirma que organizó y participó en una real operación de inteligencia con un miembro de la SAS y un oficial chileno para espiar el puerto de Ushuaia. Sin embargo, es una historia poco creíble ya que no incluye ningún detalle particular, extraña omisión de alguien que ha contado con detalle operaciones más importantes. También describe la participación del comandante Ian Reilly, piloto de Jaguar (avión caza británico) y asesor de la Fuerza Aérea Ecuatoriana, quien llegó para reemplazarlo temporalmente. Esto evidencia las numerosas y antiguas sospechas peruanas de que militares extranjeros han estado activamente involucrados en el asesoramiento, instrucción y posiblemente, operación en las fuerzas aéreas adversarias.

A su retorno a Gran Bretaña, Edwards indica que fue condecorado y que se le invitó a regresar a Chile para continuar la labor de seguir reforzando los lazos de colaboración en inteligencia:

“Por lo tanto, era de nuestro interés ayudar a Chile a fortalecerse militarmente y, al mismo tiempo, desarrollar aún más nuestra capacidad de inteligencia contra Argentina” (cap. 12).

My Secret Falklands War es un libro de esencial lectura para historiadores y, principalmente, miembros de la comunidad de inteligencia.

La larga pista de aterrizaje se puede apreciar con claridad. Por algunos de los caminos que se dirigen hacia el litoral llevarían a la cueva de los submarinos.
Distancia aproximada que los Vulcan británicos debieron volar para poder cumplir con las misiones ELINT

[1] General FACH Vicente Rodríguez, jefe de inteligencia FACH

[2] No menciona el nombre del oficial, pero estaba bajo el comando del Almirante Tobino Merino citado como comandante de la armada en 1982.

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