
Termina otro año, la Tierra ha dado una nueva vuelta al sol. Son solo 365 días, 8,760 horas, 525,600 minutos, apenas… medio millón de minutos, que han bastado para que el mundo transite nuevamente hacia el fantasma de una guerra total. Grandes cambios se vienen produciendo en la Unión Europea, con un giro hacia los mismos radicalismos ultranacionalistas de antes, que amenazan acabar con la unión, desprenderse de la hegemonía norteamericana y crear potenciales alianzas con las autocracias rusa y china. En Alemania transita a repetir los errores de la República de Weimar, que dio origen a ese nefasto sujeto llamado Hitler. Estados Unidos, la cuna de la democracia de occidente, sigue perdiendo terreno geopolítico frente a las autocracias orientales y han optado nuevamente por el incognoscible gobierno de Donald Trump. Este amenaza con la degradación política y una oligocracia aislacionista. Israel continúa perdiendo la guerra moral contra los Palestinos. Su poderoso ejército viene destruyendo las vidas y la infraestructura de Gaza; sin embargo, no ha podido rescatar a los rehenes que aun están en manos del terrorismo. ¿Cuál ha sido su real objetivo, rescatar israelíes inocentes u ocupar territorio? Lo primero es un acto de justicia, lo segundo es, paradójicamente, una nueva versión del lebensraum nazi. El mundo experimenta una dramática crisis de migración que se origina en países que siguen siendo pobres producto de los fallidos sistemas económicos, ya sean los de economía centralizada o neoliberales por igual. Los modelos económicos actuales no funcionan, y así como históricamente no funcionó el inmutable derecho divino de las estirpes reales, los modelos podrían ser cambiados por algo mejor. Las sociedades, hasta el momento, siguen repitiendo el histórico círculo vicioso, como el uróboros que come su propia cola.
Medio millón de minutos también es poco tiempo para el Perú, que este año ha degradado con asombrosa y urobórica velocidad, la vida política, el pacto social y las bases morales del gobierno. Construir un humilde emprendimiento toma muchas horas, días, meses. A los legisladores peruanos apenas les toma unos cuantos minutos transformar la Constitución, destruir a la justicia y arrojarnos hacia el abismo del caos. A una bala, apenas una fracción de segundo acabar con vidas, ilusiones, familias enteras. El tiempo sigue siendo relativo. Así como el 2016 marcó el inicio de la crisis política, el 2024 podría ser conocido como el fin del cuarto boom económico del Perú, otro ciclo de prosperidad faláz e insostenible, como decía Basadre.
Los historiadores del futuro algún día lo describirán. Sumarán los datos del aumento de la emigración —vamos acumulando millones de emigrantes durante los últimos años—, utilizarán los datos del pobre crecimiento económico, de la imparable inflación (agregando la evidente y oculta reduflación que afecta a millones de familias); los más de sesenta mil millones en reducción de la inversión extranjera y los veintitrés mil millones en fuga de capitales; la distorsión económica generada por las grandes economías ilegales del oro, las drogas y la corrupción que suman casi un tercio del movimiento económico del país. Los historiadores también escribirán acerca de la oligarquía criminal que controla al precario gobierno del país.
Sin embargo, no todo es malo. Se conserva la heroicidad de hombres y mujeres honestos que estudian y luchan por salir adelante. Desde el humilde obrero, la señora que mantiene limpia las calles, el conductor que respeta la ley, el policía que cumple con su deber, el funcionario al servicio del público, el militar honesto y de principios democráticos, y el empresario que respeta las reglas democráticas. Parecen pocos, pero existen. Son el océano humano que sostienen a un país que se niega evaporarse debido a la iniquidad de unos cuantos.
Empezamos otro breve ciclo de medio millón de minutos, de nosotros depende utilizarlos sabiamente.