
El sentido común afirma que el Estado es un pésimo empresario, que la empresa privada es más eficiente y que las empresas públicas deben ser privatizadas. El sentido común por lo general es el conjunto de ideas básicas que las personas repiten sin necesidad de análisis. ¿Es esto adecuado? El caso de la empresa pública Petroperú es el más reciente ejemplo de este sentir común; se salvó de la razzia privatizadora de Alberto Fujimori y siempre ha dado dividendos, condición que se habría deteriorado solo durante los últimos tres años. Ahora, los especialistas y capitanes de la industria de hidrocarburos claman por la privatización y critican la inyección de dinero efectuada por el Estado.
¿Cómo es que una empresa que siempre produjo utilidades de pronto haya empezado a arrojar pérdidas? ¿La sola inversión en la nueva refinería de Talara explica este descalabro? ¿Acaso no se habría calculado adecuadamente la inversión requerida?
Un proyecto de inversión se construye desde los cimientos que pasan por definir el problema, idear la solución, calcular los requerimientos, los costos, el tiempo y el financiamiento. Sin estos lógicos pasos el proyecto está condenado al fracaso. Además, hay que agregar el factor corrupción, principal obstáculo de la inversión pública nacional. En cualquier empresa de cierta magnitud, es el directorio —es decir, los empleados representantes de los capitalistas— el responsable de tomar las decisiones corporativas que definen la política y dictan el rumbo de la empresa. En esencia es una dictadura que debe ser obedecida. A continuación, el empleado mejor pagado, es decir el gerente, es el encargado de hacer cumplir el encargo del directorio, y dictar las políticas y objetivos que el resto de la empresa deberá cumplir. Es el directorio el responsable de las decisiones estratégicas de la empresa y la modernización de una refinería de esa magnitud obedece a una decisión de ese nivel.
Este directorio de Petroperú está conformado por personas que, en la mayoría de los casos, son especialistas y provienen de la empresa privada. Cuando terminan su función como directores regresan a la empresa privada (la mayoría en hidrocarburos) en un esquema conocido como “revolving doors” o puertas giratorias. Detectado cualquier imponderable, desvío y acto de corrupción, es responsabilidad de la gerencia la detección del problema, dar aviso al directorio y tomar las medidas correctivas, de lo contrario, todos los niveles se convertirían en cómplices. Casualmente la primera —y única— crisis de Petroperú comienza en el momento en que se vienen finalizando los trabajos de modernización de la Refinería de Talara, una de las más modernas del mundo y capaz de procesar todo tipo de crudo, cuyo fracaso de ser virtualmente imposible.
¿Como se lleva a nivel de quiebra a Petroperú de la mano de expertos directores empresariales y capitanes de la industria de hidrocarburos que luego pasan a formar parte de directorios y gerencias de empresas privadas del sector? ¿Por qué son contratados en otras empresas si es que sus decisiones habrían llevado a Petroperú a la quiebra? El esquema rompe el sentido común de cualquier departamento de recursos humanos.
Los empleados no son los responsables del gobierno corporativo y los grandes problemas financieros de Petroperú y responsabilizar al “Estado” es un argumento reduccionista y maniqueo. Se debiera auditar la gestión de sucesivos directorios y gerencias porque en política… no hay coincidencias.