
EL 28 de agosto de 1789, los revolucionarios franceses se reunian en asamblea para discutir el alcance del poder de Luis XVI. Durante el acalorado debate las dos facciones fueron separándose con la finalidad de comunicarse mejor entre sí para ajustar sus argumentos. La fracción que proponía la conservación de los privilegios del poder real, fueron acomodándose en las sillas que se encontraban al lado derecho de la sala. Aquellos que propugnaban un modelo político parlamentario al estilo inglés que limitara el poder real, se fueron acomodando en las sillas colocadas a la izquierda del salón. La dicotomía política derecha-izquierda nació por pura casualidad pero se introdujo en el lenguaje político.
Las tendencias políticas varían según la ideología, la conveniencia, los prejuicios y los objetivos de cada persona particular. La democracia depende del diálogo, el entendimiento y la negociación de las facciones. El reduccionismo maniqueo derecha-izquierda empobrece el diálogo, el análisis y el debate limitándolo a una oposición binaria.
El político norteamericano David Nolan (1943-2010) entendió este problema; politólogo por el Instituto tecnológico de Massachusetts, Nolan fue fundador del Partido Libertario de los Estados Unidos y ganó mucha fama entre los politólogos, ya que encaró el problema del reduccionismo faccional de la política.
La propuesta de David Nolan
En 1969, Nolan interpretó las tendencias políticas de los individuos desde una visión multidimensional. Dio a conocer la primera versión de su diagrama en una publicación de la Sociedad por la Libertad Individual[1]. Aquí propone un gráfico con sistema de coordenadas cartesianas cuyos ejes se basan en dos factores: las opiniones respecto al grado de libertades personales y las opiniones respecto al grado de libertades económicas, principales aspectos que surgen durante casi todo debate político.
Los factores económicos que generalmente se miden son: materia fiscal, mercado, comercio, libre empresa, presupuestos, etc. Los factores de libertad personal que generalmente se debaten son: servicio militar, aborto, legalización de drogas, Iglesia (intervención en desiciones de Estado), etc. Para ello realiza una taxonomía en base a cuatro dimensiones o tendencias políticas generales a las que Nolan denomina: conservadores, progresistas, liberales y autoritarios. Cabe señalar que las denominaciones deben ajustarse según las expresiones políticas de cada sociedad o país.
Liberales
En general, los liberales abogan por un mercado y procesos económicos libres de la intervención del Estado, el laissez faire económico, menor gasto militar, abolición de los impuestos, libre empresa, etc.
Autoritarios
Defienden el control del Estado y del gobierno sobre la acción económica y personal: existencias de empresas públicas, militarismo[2], control social e individual, políticas de “mano dura”, rechazo a la acción social y civil, etc.
Conservadores
Muestran preferencia por una mayor intervención del Estado sobre la acción económica, pero la rechazan sobre los intereses particulares: mercado semi-regulado, desregulación financiera, proteccionismo empresarial, disminución de impuestos, etc. En el aspecto personal se inclinan por el estatus quo, al bien común sobre los derechos individuales, las tradiciones religiosas, la defensa de privilegios sociales, etc.
Progresistas
Se inclinan por una menor intervención del Estado sobre la acción personal: el secularismo político, libertad de acción y pensamiento, los derechos de minorías, protección y justicia individual, etc; pero una mayor intervención del Estado sobre la acción económica: salario mínimo, estabilidad laboral, sistema nacional de pensiones, sistema universal de salud y educación, etc.
Ventajas del modelo
Como todo aspecto del comportamiento y las actitudes humanas, las preferencias políticas de las personas no se agrupan perfectamente en una u otra tendencia, sino que se reflejan en muchas combinaciones. El método de Nolan mide las tendencias generales que podrían pasar desde ser de centro o moderadas, es decir hacia el cero de la escala; o acercarse hacia alguno de los extremos del rombo, es decir, tendencia hacia el extremismo. La medición se logra mediante la resolución de un cuestionario adaptado y dirigido por el investigador, pero también se puede obtener analizando y clasificando las declaraciones y acciones públicas de actores políticos. Las redes sociales se convierten así en una fuente inagotable de estudio.
Conocer las tendencias políticas de una persona o grupos ayuda al diseño de estrategias para el diálogo y el debate, base de la política de un orden democratico sano e inteligente, evitando el simplismo maniqueo izquierda-derecha, caviar o comunista-facho, etc. En la gráfica se colocan, a modo de ejemplo, la tendencia de dos grupos políticos históricos y supestamente divergentes, el partido Nacional Socialista (NAZIS) y el Partido Comunista Chino. El primero demostró tendencia al conservadurismo pero con privilegio de libertades económicas; el segundo, una mayor injerencia del Estado. Pero ambos coincidirían en una fuerte política autoritaria. De igual forma, sirve para comprender el extraño maridaje que existe en el Congreso del Perú en que las bancadas de supuesta “derecha” y de “izquierda” generalmente coinciden, ya que se trataría de bancadas (partidos) de índole autoritario, que controlan al indefinible Poder Ejecutivo.
Si desean resolver un cuestionario —a modo de ejemplo— y conocer su propia tendencia política sugerimos realizar el del enlace a continuación que, aunque adaptado a la realidad española, ayudará a darse una idea de como es el uso de la metodología.
[1] “Classifying and Analyzing Politico-Economic Systems» en la edición de enero de 1971 de El Individualista (The Individualist). (No se ha podido ubicar el documento original).
[2] Predominio de lo militar en la política y el gobierno de una nación (RAE).