
El señor Smith llega su oficina con el afán de conocer los acontecimientos políticos, económicos y financieros. Es responsable del manejo de una enorme cartera de clientes y miles de millones de dólares para ser invertidos globalmente. El gris horizonte de la City londinense es el marco de sus millonarias inversiones. La guerra entre Ucrania y Rusia, las desbordadas operaciones militares en Israel, las tensiones en Asia debido al expansionismo Chino y las constantes erupciones bélicas en África, vienen reduciendo las áreas con oportunidades de inversión. América Latina siempre está entre sus opciones, sin embargo, algunos países tienen mejores resultados que otros. Sabe que el factor político es muy importante ya que los latinoamericanos tienen la costumbre de destruirse mutuamente.
Invierte en los mejores análisis estratégicos que condensan los hechos más resaltantes, también dispone de suscripciones a prestigiosos medios como Bloomberg, Business Week, TASC, Barron´s, Kiplinger´s, Wall Street Journal, Forbes, Financial Times y The Economist. Esta última encabeza la pila de información que hoy debe revisar. Smith comienza a ojear la revista y se topa con un artículo que llama su atención, es sobre el Perú, “Congress Rules[1]”. El encabezado lo alarma por que el día anterior sus colaboradores habían recomendado una importante inversión en el país andino. No es ajeno a los problemas políticos de Dina Boluarte, la precariedad de su gobierno ni del riesgo financiero que representa la política peruana. El subtítulo llama aún más su atención: “Los legisladores están desmantelando instituciones”. Esto es grave. Smith llega a un párrafo muy importante que refleja los intereses particulares de los legisladores y sobre el futuro del país:
«El Congreso derogó una ley para frenar la minería ilegal, neutralizó un organismo encargado de regular las universidades con fines de lucro que atienden a los estudiantes más pobres y permitió que miles de maestros, que no aprobaron los exámenes básicos, regresen a las aulas»[2].
Assholes, no les importa el futuro del país ni la salud de las empresas que invierten millones en minería — piensa Smith— la ignorancia es atrevida. Who wrote this? — se percata que es un artículo editorial — fuck! — Sigue con la lectura:
«Una de las decisiones [del TC] ha permitido al Congreso iniciar nuevas medidas de gasto, que la propia Constitución prohíbe. Eso es malo para la credibilidad fiscal peruana que tanto le costó ganar. Los legisladores han aprobado casi 50.000 millones de soles (13.000 millones de dólares) en gastos extrapresupuestarios hasta ahora, según el consejo fiscal, un organismo asesor oficial. En el pasado, el Ministro de Economía tendía a restringir los caprichos populistas de los legisladores, pero guardó silencio mientras el Congreso otorgaba bonos para pensionistas y jueces, elaboraba exenciones fiscales regresivas e ignoraba su propio límite para el déficit fiscal»[3].
Wow!, las cosas se van a poner muy mal si es que siguen gastando dinero así —se inquieta. Lee la sentencia del exministro de economía Alonso Segura: “Ya no hay un adulto en la habitación”. No puede evitar sonreír. A estas alturas sus opciones por invertir en el Perú comienzan a tambalearse —Bueno, ¿será posible dejar al Perú para futuras inversiones? — se pregunta Smith mientras continúa la lectura.
«Muchos peruanos esperan que las próximas elecciones, previstas para 2026, traigan un mejor liderazgo. Los augurios no son buenos. Más de 30 partidos planean participar. Improbablemente, el señor Fujimori, que tiene 85 años, dice que planea postularse de nuevo. Y el próximo presidente se enfrentará a un Congreso empoderado»[4].
Smith, cierra la revista, se acerca al teléfono y se comunica con el encargado de la cartera: “Perú is fucking out!”.
[1] The Economist. Edición impresa del 20 de julio del 2024.
[2] The Economist. Peru´s president survives because she´s not in charge. July 18th 2024.
[3] Idem 2
[4] Idem 2