¿Existe realmente una mano invisible que regula el mercado?

LA MANO INVISIBLE
¿Existe realmente una mano invisible que regula el mercado?
Iván Izquierdo Elliot
11/06/2024
Javier Milei afirma que a su alborotado cabello lo peina “la mano invisible del mercado”. Los economistas del mainstream peruano de los noventa afirmaban que “la mano invisible del mercado” produciría el “chorreo”. En pocas palabras, que el crecimiento nacional beneficiaría a todos. ¿Por qué razón los economistas liberales —especialmente los neoliberales— del mundo repiten y sustentan los principios del modelo con el argumento de una metáfora? ¿Qué es “la mano invisible”?
En 1776, el filósofo escocés Adam Smith publicó la famosa obra La Riqueza de las Naciones[1], para muchos, el primer tratado sobre el capitalismo, en la que utilizó la famosa metáfora “la mano invisible”; por ello lo nombran como “el padre de la economía”. Adam Smith no fue ni economista ni propulsor del capitalismo, fue un filósofo humanista que observó agudamente cómo funcionaba el sistema mercantilista imperante en la época. Mercantilismo no es igual a capitalismo. Incluso, el primer libro de Smith se denominó Teoría de los sentimientos morales[2], un texto humanista y de crítica social que fue publicado en 1759 y sentó las bases éticas, filosóficas y económicas de sus futuros trabajos. La metáfora de la “mano invisible” recién aparece, una sola vez, en toda la extensa obra La Riqueza de las Naciones, específicamente en el capítulo dos del libro IV titulado: “De las restricciones a la importación de países extranjeros de las mercancías que puedan producirse en el país”; dicho capítulo describe en general lo que hoy en día llamaríamos un “nacionalismo” económico.
“Al restringir, ya sea mediante derechos elevados o mediante prohibiciones absolutas, la importación de mercancías de países extranjeros que puedan producirse en el país, el monopolio del mercado interno queda más o menos asegurado a la industria nacional empleada en su producción.”[3].
Actualmente, los Estados Unidos y la Unión Europea aumentan los aranceles de los productos chinos con el afán de detener el avance económico de la potencia oriental. Este tipo de medidas funcionan contra el libre mercado, pero ciertamente protegen la industria local. Es igual al modelo económico peruano de los setenta y ochenta, de altas barreras arancelarias.
“Pero ya se ha demostrado que un capital empleado en el comercio interior pone necesariamente en movimiento una mayor cantidad de industria doméstica y da renta y empleo a un mayor número de habitantes del país que un capital igual empleado en el comercio exterior de consumo[4]”.
Smith reconoce que la inversión en la propia sociedad trae beneficios a la industria del país. No propone una autarquía económica, simplemente, está descubriendo las dinámicas humanas que ocurren en el mercado regido por el modelo mercantilista de la época. La metáfora de la “mano invisible” aparece en el mismo capítulo, varios párrafos después.
“De hecho, en general [el capitalista], no tiene la intención de promover el interés público, ni sabe cuánto lo está promoviendo. Al preferir el apoyo de la industria nacional al de la extranjera, sólo pretende su propia seguridad; y dirigiendo esa industria de tal manera que su producto sea del mayor valor, sólo pretende su propio beneficio, y en esto, como en muchos otros casos, es conducido por una mano invisible a promover un fin que no formaba parte de su intención[5]”.
El capitalista invierte el dinero buscando su propio beneficio, es más, generalmente lo hace solo pensando en su beneficio sin importarle las consecuencias; sin embargo, Smith observa que, si la inversión se realiza en el seno de su propia sociedad producirá un beneficio inesperado, imprevisto, casual. Smith emplea la metáfora “la mano invisible” para describir el efecto no deliberado; esta explicación dista mucho del significado común de la “regulación autónoma del mercado”, porque no existe mercado perfecto.
Cuando se adoptó el modelo neoliberal durante los años ochenta, los capitalistas estadounidenses y europeos desmontaron la mayor parte de sus medios de producción trasladándolos al Asia, especialmente China, buscando beneficiarse con la mano de obra extremadamente barata, disminuir costos y maximizar utilidades. Esto ha producido el rápido crecimiento de China, que se ha beneficiado con el conocimiento técnico occidental y ha logrado su posicionamiento como potencia mundial. Las observaciones de Smith se cumplieron, “la mano invisible” funcionó muy bien, pero para el nuevo rival económico y geopolítico.
En el escenario peruano, los economistas y políticos neoliberales de los noventa repetían la metáfora como mantra, una especie de conjuro mágico que produciría la tan anhelada prosperidad general. Lograron la desregulación del mercado financiero (inexistente en la época de Adam Smith), la promoción de los monopolios y la profundización del extractivismo. El precario modelo económico del Perú colapsa, vulnerable a los vaivenes internacionales, a las economías ilegales, a una pandemia y el desbarajuste político. Si Adam Smith viviera, lo más probable es que al estudiar el modelo adoptado por el capitalismo moderno, criticaría las decisiones que el mundo viene tomando; observaría el pelo de Javier Milei y diría: “seguí así, porque ninguna mano invisible te peinará”.
[1] Smith, Adam. An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations.
[2] Smith, Adam. Teoría de los sentimientos morales (p. 3). Fondo de Cultura Económica.
[3] Smith, Adam. The Wealth of Nations: Filibooks Classics (Illustrated) (English Edition) (p. 440). Filibooks. Edición de Kindle. (nota: las traducciones son propias).
[4] Smith, Adam. The Wealth of Nations: Filibooks Classics (Illustrated) (English Edition) (p. 440). Filibooks. Edición de Kindle. (nota: las traducciones son propias).
[5] Idem.

[1] Smith, Adam. An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations.
[2] Smith, Adam. The Wealth of Nations: Filibooks Classics (Illustrated) (English Edition) (p. 440). Filibooks. Edición de Kindle. (nota: las traducciones son propias).