
Escuadrón 411
GRUP4-La Joya 1992
– Iván, necesitamos fotos para el fin del PDE.
– ¿qué tienen en mente?
– Que te parece… Macchu Picchu.
– ¡Bacán!
Para los pilotos de caza el límite es el cielo, literal y figurativo. No puedo rechazar la oferta de encaramarme al éter en un ingenio tecnológico de guerra, menos si eso significa desempeñar el oficio que más aprecio, el de fotógrafo.
En poco tiempo estamos listos para despegar. Ese día decidí emplear una nueva película de Kodak Ektar 25 que adquirí en Lima y recientemente introducida al mercado, decisión de la que me arrepentiría más tarde.
Partimos cuatro aviones SU-22. Yo en el biplaza lógicamente. El plan era tomar la foto de los otros tres “Sukoys” con la ciudadela de Macchu Picchu al fondo. En pocos minutos cubrimos la corta distancia entre Arequipa y Cusco con los poderosos cazas.
La escuadrilla comenzó el descenso hacia el valle del río Vilcanota que serpenteaba más abajo. Conforme descendemos las montañas, empiezan a acariciar nuestras alas de metal con creciente preocupación. Deberíamos mirar a los Apus hacia abajo, ¡pero en ese momento ya estaban a mayor altura que nuestra escuadrilla!
- ¡Las montañas empiezan a rodearnos! – se escucha por el intercomunicador.
- Si. Están muy cerca-
- ¿Pueden ver a Macchu Picchu? – interroga otra voz.
- No sé si debiéramos bajar tanto. Estamos en medio de las montañas-
- ¡Allí está Macchu Picchu ¡- grita Bronco por el interfono- ¡toma la foto! ¡toma la foto! ¡La ves!
De pronto observo a mi izquierda el avión de “Bronco” contra el fondo del valle. Abajo, muy abajo y oscurecido por las sombras percibo el tenuemente camino que sube a la ciudadela, para mi invisible en ese instante.
- ¡Si la veo! – respondo por el micrófono- ¡Foto! ¡Foto! ¡Foto!…
Solo tres fotogramas antes que los cazas escapen de la hollada con rapidez, burlando la ira de los Apus. Era la consecuencia de la tecnología de la época. Las limitaciones del rollo fotográfico, la pequeña latitud de exposición y la ausencia de un motor que arrastre la película, eran importantes consideraciones para tomar en cuenta. Cada disparo, cada encuadre, significaba la diferencia entre una buena fotografía y el desastre.
Llevé el rollo de película a ser revelado en un laboratorio en Arequipa. No me percaté que la nueva película aún no llegaba a ese mercado y que requería un proceso de revelado diferente. Además, la película era de ISO 25, una sensibilidad muy baja pero que no era problema para fotografiar aviones en vuelo a gran altura, donde el sol ilumina con mucha fuerza.
¿El resultado? Un desastre. El negativo terminó sub-expuesto y con muy poca definición (a la vista).
La inutilidad de las imágenes resultó ser un duro golpe a mi prestigio y orgullo. Así todo, guardé los negativos con cuidado esperando que el futuro diera soluciones.
Y así fue. La tecnología de la fotografía digital ha avanzado mucho y la inteligencia artificial brinda nuevas herramientas (ojo, la IA ya se emplea desde los años noventa con la introducción del Photoshop).
Luego de digitalizar el negativo “perdido” y someterlo a un proceso de revelado digital, en pocas horas fui capaz de extraer esta imagen, inédita, insólita -y ahora que los venerables SU-22 descansan su jubilación- será irrepetible.