
El descalabro político peruano marcaría el final del cuarto período de bonanza económica de la historia del Perú[1], el cual habría comenzado el 21 de diciembre del 2016 con la comunicación del Departamento de Justicia de los Estados Unidos destapando la red de corrupción más grande de América Latina y en el seno del poder y de los viejos y nuevos magnates peruanos.
La corrupción en el Perú existe desde hace más de doscientos años de vida republicana[2]. La corrupción es generalizada entre la clase política y groseramente normalizada a nivel institucional. Es considerada uno de los principales factores del atraso e inequidad de la Nación. La corrupción se sostiene gracias a la impunidad jurídica, política y social, que tolera el enriquecimiento ilícito, el tráfico de influencias, el nepotismo y otras formas de corrupción que favorece la aparición de dudosas fortunas y prestigios. Las consecuencias de la corrupción afectan a todos los estratos de la sociedad.
El 21 de diciembre sucedió algo anodino, inusual, sísmico: el gobierno de los Estados Unidos, a través del Departamento de Justicia, emitió un documento (a 12 países latinoamericanos) en el que se revelaba que la constructora Odebrecht pagó millonarios sobornos a funcionarios públicos y privados. La justicia nacional se vio obligada a actuar de oficio comenzando la más grande investigación y el destape de las diversas redes de corrupción –no solo de Odebrecht- que existen en el Perú. Cabe recordar que la ley de delación o “Colaboración eficaz”[3] desarrollada para combatir de red de corrupción de la mafia Fujimontesinista comenzó a dar sus frutos mediante incesantes delaciones de los actores involucrados.
La investigación a la Fiscalía de la Nación dada a conocer el 27 de noviembre sería una consecuencia más del caso Odebrecht que ha involucrado a expresidentes, congresistas, alcaldes, gobernadores, líderes y lideresas políticas, y hasta a los más encopetados empresarios de la alta clase nacional. Es un hecho sin precedentes en el Perú y de consecuencias difíciles de predecir.
Durante los últimos 7 años hemos sido testigos de la caída de 5 presidentes, de la elección de peores congresos uno detrás del otro, la prebenda y componenda de funcionarios de justicia en permanente pugna, laberínticas y ridículas argumentaciones de abogados, la defenestración de periodistas independientes y la aparición de legiones de mercenarios de pasquín defendiendo lo indefendible.
La consecuencia ha sido el deterioro progresivo de la institucionalidad y de la política que ha desembocado en caos político y la afectación de la vida social y la economía de todos los peruanos. Aquellos con capacidad, vienen abandonando el país y la economía experimenta un perjudicial proceso de “estanflación”[4]. No es difícil relacionar la causalidad que existe entre crisis política y reducción de la inversión.
Son malas noticias y es tentador negarlo y tratar de vivir con esperanza y optimismo, pero eso no dará resultado.
La salida de la crisis requiere enfrentar y corregir el problema principal: la corrupción y la impunidad. La Nación debe consensuar la voluntad de exigir a las instituciones el cumplimiento y respeto de las leyes. Eso conlleva el enjuiciamiento y castigo a quienes delinquieron, sin privilegios de origen, cuna o sociedad.
Primero, se requiere reforzar las instituciones que aún no han sido cooptadas del todo. Lo único que queda en pié es parte del Poder Judicial, ciertos órganos autónomos y los pocos buenos policías que colaboran con estas.
Segundo: se debe exigir el relevo político de quienes gobiernan. La impopularidad interna y el evidente desprestigio internacional hace insostenible el actual gobierno y la posibilidad de enmienda es muy remota. Nuevas elecciones no aseguran el éxito, pero la permanencia del gobierno si asegura la continuación del deterioro y el caos.
El empresariado nacional tiene la suficiente fuerza, interés y prestigio para que esto ocurra, pero debe estar en el lado correcto de la historia. Aun se puede corregir el rumbo y retornar a la ansiada prosperidad y demostrar que el modelo peruano es sostenible. El fracaso podría llevarnos a la exigencia de un nuevo pacto político, es decir, a una nueva Constitución.
[1] Boom del guano (1830-1876), reconstrucción postguerra (1894-1929), boom exportador post-II GM (1943-1976). “Milagro económico peruano (2004 aprox-hoy)
[2] Quiroz, Alfonso W.-Historia de la Corrupción en el Perú. 2013
[3] La Colaboración Eficaz es un proceso especial reconocido en el Código Procesal Penal en los artículos 472° y siguientes; adicionalmente encontramos su reglamentación en el Decreto Legislativo N°1301. Fue desarrollado por el exprocurador José Ugaz como herramienta para la investigación de las redes de corrupción de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos mediante la delación de sus cómplices.
[4] https://www.eleconomista.es/diccionario-de-economia/estanflacion