Admiro a un hombre libre y justo
y que por ser culto es libre y feliz.
Admiro a un hombre como a ninguno,
que me levantó y alentó en todo desliz.
De mi vida hizo causa y horizonte,
noches y días de eterna inquietud,
lograron en mí ese hombre,
que mi padre ama a plenitud.
Será mi guía sempiterno,
en la luz y sombra de la vida.
Aquel que amó sereno
como la luz ama al día.
En las alturas forjaste tu cielo,
el cual bajaste con dulzura,
me lo diste sin recelo
ahora mi azul armadura.
Déjame que te obsequie esta canción
entonada con agradecimiento y admiración
y aunque la distancia nos separa ya
la distancia jamás será mayor que
la que existe entre mi mente y mi corazón,
o entre tu amada luna y mi admiración.
(La Joya 1 de mayo de 1991)
