Ante la inacción, terquedad y desborde popular, el gobierno debe proponer un referéndum de emergencia
Ivan Izquierdo
22 de enero de 2023

La presidenta no se quiere ir.
El congreso no se quiere ir.
Las encuestas indican que la mayoría desea que se vayan todos.
Las comunidades alto andinas están en pié de guerra.
Los muertos se acumulan.
El País sufre y se paraliza la economía.
¿Como salimos de la crisis y de la posibilidad de caer en el remolino una guerra interna?
La solución debe ser un gesto político, un compromiso justo y pragmático. El Ejecutivo y el legislativo, si bien gozan de absoluta legalidad constitucional, se encuentran bajo fuerte presión y el deseo de que renuncien o sean destituidos.
Sin embargo, ni la protesta real, ni la violenta, ni las encuestas -con todo rigor estadístico- ni el obvio deseo de una Nación en cuidados intensivos, constituyen pruebas irrefutables, ni otorgan legitimidad al grito “que se vayan todos” largamente escuchado. Solo un referéndum podría zanjar el impasse político que nos viene desangrando y hablado en el idioma más preciso de la democracia: el voto soberano.
Un referéndum constituye un cheque político en blanco, una promesa política que deberá ser acatada por quienes protestan, porque la decisión futura queda en las manos de todos nosotros, por mayoría. Un referéndum lograría la paz inmediata. Los que deban irse lo harán inmediatamente después, aplicando el camino constitucional por expresión del votante.
Un referéndum organizado con carácter de urgencia, para que en sesenta, en cincuenta… en cuarentaicinco días, los peruanos vayamos a las urnas y votar por tres demandadas preguntas:
1.- ¿Quiere que permanezca la Presidenta Dina Boluarte en la presidencia, aunque esta sea legal y constitucional? SI-NO.
2.- ¿Quiere que permanezca la actual Congreso, aunque sea legal y constitucional? SI-NO.
3.- ¿Quiere que se convoque a una Asamblea Constituyente para que se redacte una nueva Constitución? SI-NO.
(Dejo a los expertos la idea para una mejor redacción de las frases).
Tres preguntas, tres simples preguntas que constituyen el centro del debate, de la protesta, de la sangre. Es la causa de un País paralizado, estancado y a punto de perder lo poco que recuperamos luego de una brutal pandemia que desnudó al Perú, mostrando el raquitismo de una República de 200 años.
Expresar el deseo mediante el acto supremo de soberanía popular votando en un referéndum zanjaría el impasse maldito que ha sumergido al pueblo en la pesadilla y la infinita angustia mental de todos. En fin, el pueblo es el hombre o mujer andina, de la costa, de la selva, de la ciudad, el empresario, el comerciante, el militar, el obrero y el policía. Todos deciden.
Es nuestro justo derecho tomar nuestra propia y soberana decisión mediante las urnas, sin perder el tiempo, sin esperar la decisión de una clase política que podría perpetuar la agonía del Perú.