Vergüenza histérica

Escuchar a Pedro Castillo enfrentarse a entrevistadores profesionales es causa de vergüenza ajena. Sin embargo, esa vergüenza empieza por haber pasado un reciente proceso electoral en el que hubo que escoger entre las peores alternativas políticas. Vergüenza por un sistema político que privilegia los intereses personales y que los últimos 6 presidentes sean acusados de corrupción, uno suicidado y otro por morir en prisión.

Vergüenza por un sistema de educación mediocre, hoy amenazado por los nuevos oligarcas universitarios que explotan las ilusiones de miles de jóvenes con una oferta educativa impresentable en cualquier país con normales estándares. Ese mismo sistema educativo que ha formado a un maestro, a un mediocre y balbuceante profesional como Pedro Castillo.

Vergüenza por no poder exigir los mínimos estándares internacionales de protección al medio ambiente y capacidad de reacción ante los desastres naturales. Que los dioses se apiaden y no se produzca un terremoto en Lima.

Vergüenza por un sistema de salud que nos elevó a romper récords mundiales de mortandad por el COVID 19 y dejó claro que los peruanos no tienen derecho a la vida, solo la obligación de pagar por ella.

Vergüenza por la banalidad de pretender ser un referente gastronómico en un país donde la mitad de la población está desnutrida y es anémica, es el reflejo de los objetivos de una elite sin empatía.
Es hora de mirar el espejo de la realidad, los mejores ejemplos son Castillo, los congresistas y los arrabaleros que se han subido a este gobierno mediocre.

Los peruanos deben de abandonar la autocomplacencia y la mezquindad herencia de la historia, para mirar un futuro con mayor justicia y coherencia. El cambio, comienza en casa.

Nadie lo va a hacer por nosotros.