UN MES DE GOBIERNO

Luego de casi un mes en el poder, el gobierno de Castillo recién empieza a moderar el discurso, un discurso que desde el inicio parecía invitar a la confrontación política. El criticado nombramiento del gabinete Bellido y las derrotas en el Congreso lo estarían obligando a cambiar el rumbo. La “renuncia” del canciller Béjar se ha convertido en la prueba palpable de la feroz oposición que enfrenta. Esta situación abona evidencia de la improvisación de quienes hoy están en el poder. Jamás se habrían imaginado llegar donde llegaron, como tampoco se lo imaginó el duro conservadurismo que históricamente ha gozado del poder en la República. Por primera vez los capitanes del poder han perdido el mando por medio de una justa democrática (no por golpe de estado). La reacción es feroz, descarnada, sin cuartel. Son las formas de la institución democrática, pero también puede ser violenta (no físicamente), dura y empleando todos los recursos legales, propagandísticos y políticos que tengan a mano. Sin embargo, las formas democráticas previenen los excesos, deben impedir la ingobernabilidad, porque eso daña a todos.


Castillo debe comprender que el Perú se ha vuelto una encrucijada en la que deben convivir los logros económicos de muchos, sin los privilegios económicos de unos pocos. El balance es delicado y finalmente, puede ser explosivo, pero los agentes económicos se saben vestir de realismo y empiezan a dar muestras positivas adaptándose al nuevo contexto. ¿Se acabaron los amigos, el compadrazgo político-institucional y las prebendas? ¿Este gobierno lograría disminuir la dañina corrupción que atraviesa la sociedad, principalmente la denominada “gran corrupción”? Es prematuro discutirlo, pero es necesario estudiarlo.


El Congreso viene demostrando un interesante comportamiento. Se han fortalecido las alianzas de oposición que han ganado al oficialismo importantes iniciativas y comisiones, asegurando el balance de los indispensables pesos y contrapesos democráticos. Desde el Congreso, los mensajes al Ejecutivo son duros y directos, pero no son descabellados (como era la costumbre de anteriores Congresos). A la critica se suman importantes órganos autónomos de control como la Defensoría del Pueblo y la Contraloría General de la República que han reaccionado rápida y adecuadamente ante dudosos y polémicos nombramientos en puestos ministeriales. Estas instituciones resguardan contra decisiones de gobierno que atenten contra el buen gobierno.


Castillo deberá tomar decisiones importantes si es que quiere construir un mínimo de credibilidad, empezando por definir su relación con el partido “vientre de alquiler” de Vladimir Cerrón, radical personaje que sigue proporcionando los clavos para el ataúd del gobierno. Aun no hay muestras claras en ese sentido. Mañana deberán pedir al Congreso el voto de investidura al gabinete Bellido. Este será el incierto momento en que se termine de definir la relación política entre el Ejecutivo y el Legislativo.

Treinta días de gobierno no es mucho, pero esta vez parecen siglos para una sociedad muy preocupada y dividida.